viernes, 9 de octubre de 2015

Glorioso 12 deOctubre






La Virgen de los Reyes Católicos-Anónimo del S.XV- Museo del Prado

Rey Fernando y el primogénito D. Juan - Reina Isabel y una de las hijas, Catalina
Detalles del mismo- La familia Real orando
                                 


Cristóbal Colón formula su proyecto ante sabios en el Convento de la Rábida-Huelva- España


Las Carabelas de Colón- La Santa María, La Niña y La Pinta

       … Hace 623 años… en las carabelas de Colón todos los días, al amanecer, sus 96 tripulantes recitaban esta Plegaria:
                                                              
                                                                Bendita sea la luz
Y la Santa Veracruz
Y el Señor de la Verdad
Y la Santa Trinidad

Bendita sea el alba
Y el Señor que nos la manda
Bendito sea el día
Y el Señor que nos lo envía.


Colón y primeros tripulantes pisan tierra del nuevo continente por primera vez. 





Escudo de España
     
                                    
                        El Descubrimiento de América
Conferencia del  Pbro. Pablo Cabrera, leída el 11 de octubre de  1900 en el Local de la Sociedad Unión y Progreso.- Córdoba.  (Los Principios 13 de octubre de 1900 )
  Todas las empresas descubridoras del mundo llevadas a cabo por España y  Portugal a fines del S. XV y primer tercio del siguiente siglo, fueron realizadas bajo la inspiración de la Fe. 
…Fue dilatar el Imperio de Jesucristo, hacer que el mayor número de almas participara de los beneficios de la Cruz.

    Vasco de Gama, Alburquerque, Magallanes, Elcano, Figueira, Correa, obedecieron a aquel impulso.

    Terminada esta Cruzada Cristiana deseaba proseguirla en el mundo y extender hasta los últimos confines del orbe, el Imperio de Jesucristo. Tal fue el OBJETO PRINCIPAL en los grandes viajes marítimos del S. XV y XVI… Sin descuidar las ventajas de orden comercial, los intereses del linaje económico.

   Colón, su autor, ocupa un sitio aparte en la serie de inmortales. Su nombre de por sí expresaba sus destinos : Cristóforo, Christum ferens, portador de Cristo a través de nuevos mares y de nuevas tierras.

… la nave tripulada por él lleva el nombre de Santa María. En lo alto de los mástiles flamea la enseña de Castilla, el estandarte de la Cruz.

Descubre la primera tierra y con solemnidad religiosa se posesiona de ella, EN NOMBRE DE JESUCRISTO Y DE LOS REYES DE LEON Y DE CASTILLA, trueca el nombre de la misma por el de Isla de San Salvador. ……

…Cuando traza su carta geográfica, vacía en ella, en cierto modo, todo el Calendario Cristiano.

 Luis Veuillot,  dijo: …el ideal fue más religioso que político…

  Cabrera termina su discurso diciendo: He ahí pues señores, la obra de Colón en orden a sus consecuencias de carácter material, social y político: que las de linaje moral, las trascendentales aún, se concentran, como en hermosa síntesis, en estas célebres palabras de Calcaño : “Cristóbal Colón, dio la civilización de la Cruz a un hemisferio, y un hemisferio a la civilización de la Cruz. …. 
Extraido de la Conferencia, publicada abajo. En la Sociedad Unión y Progreso.





Los Principios-12.10.1919
















Rey Fernando  y Reina Isabel - Reyes de España-  Padres de América

De la Revista Eclesiástica del Arzob. de Buenos Aires - 1904



Primeros misioneros evangelizando - Futuros mártires



En el Certamen literario de los Juegos Florales de Córdoba, Mons. Cabrera con su trabajo Ensayo Histórico sobre la Fundación de Córdoba obtuvo  el premio asignado por la Honorable Municipalidad de Córdoba al tema III de estos Juegos, realizados el 12 de octubre de 1919 bajo los auspicios del Círculo Español, de esta ciudad, con motivo de la celebración del  Glorioso Día de la Raza. Se publica a mérito de la autorización otorgada por la respetable Junta Ejecutiva de las expresadas fiestas.


Pablo Cabrera-Primer Premio  Juegos Florales - 12.10.1919-


                                    ELOGIO DE LA HISPANIDAD- 12 OCTUBRE 1934 -



                 (...)         LA OBRA DE ESPAÑA, OBRA DE CATOLICISMO
Yo debiera demostraros ahora que la obra de España fue, antes que todo, obra de catolicismo. No es necesario. Aquí está el hecho, colosal. Al siglo de empezada la conquista, América era virtualmente cristiana.
La Cruz señoreaba, con el pendón de Castilla, las vastísimas regiones que se extienden de Méjico a la Patagonia; cesaban los sacrificios humanos y las supersticiones horrendas; templos magníficos cobijaban bajo sus bóvedas a aquellos pueblos, antes bárbaros, y germinaban en nuevos y dilatados países las virtudes del Evangelio. Jesucristo había triplicado su reino en la tierra.
Porque España fue un Estado misionero antes que conquistador. Si utilizó la espada fue para que, sin violencia, pasara triunfante la Cruz. La tónica de la conquista la daba Isabel la Católica, cuando a la hora de su muerte dictaba al escribano real estas palabras: Nuestra principal intención fue de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) e los convertir a Nuestra santa fe catholica. La daba Carlos V cuando, al despedir a los Prelados de Panamá y Cartagena, les decía: Mirad que os he echado aquellas ánimas a cuestas; parad mientes que deis cuenta dellas a Dios, y me descarguéis a mí. La dieron todos los Monarcas en frases  que suscribiría el más ardoroso misionero de nuestra fe. La daban las leyes de Indias, cuyo pensamiento oscila entre estas dos grandes preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes.
España mandó a América lo más selecto de sus misioneros. Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Jesuitas, acá enviaron hombres de talla y de fama europea. Los nombres de Fray Juan de Gaona, una de las primeras glorias de la iglesia americana; de Fray Francisco de Bustamante, uno de los grandes predicadores de su tiempo; Fray Alonso de Veracruz, teólogo eminente; todos ellos eran de alto abolengo, o por la sangre o por las letras, y dejaban una Europa que les hubiera levantado sobre las alas de la fama.
Los mismos conquistadores se distinguieron tanto por su genio militar como por su alma de apóstoles. Pizarro, que funda la ciudad de Cuzco en acrescentamiento de nuestra sancta fee catholica; Balboa, que al descubrir el Pacífico, que no habían visto ojos de hombre blanco, desde las alturas andinas, hinca su rodillas y bendice a Jesucristo y a su Madre y espera para Dios la conquista de aquellas tierras y mares; Menéndez de Avilés, el conquistador de la Florida, que promete emplear todo lo que fuere y tuviere para meter el Evangelio en aquellas tierras, y otros cien, no hicieron más que seguir el espíritu de Colón al desembarcar por vez primera en San Salvador: Yo –dice el Almirante–, porque nos tuvieran mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo.
La misma nomenclatura de ciudades y comarcas, con la que se formaría un extenso santoral; las sumas enormes que al erario español costaron las misiones y que el P. Bayle hace montar, en tres siglos, a seiscientos millones de pesetas; esta devoción profunda de América a la Madre de Dios, en especial bajo la advocación de Guadalupe, trasplantada de la diócesis de Toledo a las Américas por los conquistadores extremeños; y –qué más– esta tenacidad con que la América española, desde Méjico, la mártir, hasta e Cabo de Hornos, sostiene la vieja fe contra la tiranía y las sectas, por encima del huracán del laicismo racionalista, qué otra cosa es más que argumento invicto de que la forma sustancial de la obra de España en América fue la fe católica Arrancadla de España y América, y no digo que nos quedamos sin la llave de nuestra historia, acá y allá, sino que nos falta hasta el secreto del descubrimiento del Nuevo Mundo, que arrancó de los ignotos mares España, misionera antes que conquistadora, en el pensamiento político del Estado.
Y faltará el secreto de la raza, de la hispanidad, que, o es palabra vacía, o es la síntesis de todos los valores espirituales que, con el catolicismo, forman el patrimonio de los pueblos hispanoamericanos.
América es obra nuestra; esta obra es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre raza o hispanidad y catolicismo. Vamos a señalar las orientaciones viables en el sentido de formación de espíritu de hispanidad. Pero antes respondamos a algunos…
 Parte del discurso del Cardenal Primado de España I. Goma y Tomás



Cardenal.Goma y Tomás  y   Gustavo Martínez Zuviría



                                          UNA CIUDAD EN ESTADO DE GRACIA
Por Gustavo Martínez Zuviría

No os sorprenda, señores, mi emoción al usar de la palabra en este moment y en presencia de tan ilustrado concurso.
  He vacilado mucho al entrar, os lo confieso, pero he recordado la hermosa oración de Esther, antes de llegar a la presencia del rey Asuero, y la he repetido mentalmente: Acordaos de mí, Señor, vos que domináis todo poder. Poned en mi boca lo que debo decir, a fin de que mis palabras sean agradables al príncipe.
 Eminentísimo señor, que representáis con incomparable majestad al Vicario de Cristo en la tierra, rey de reyes aunque se firme siervo de los siervos de Dios, dignaos aceptar el corazón palpitante de esta gran ciudad latina, que tiene en su escudo una cruz; y a vos,  Excmo. Señor presidente de la Nación, dejadme que os diga que el pueblo argentino, que anoche visteis desfilar, y cuya fe se muestra en forma in tergiversable, está  orgulloso de veros continuar la lista de sus presidentes católicos, y de afirmar con palabras elocuentes y hechos prácticos vuestras sinceras convicciones, fuentes de buen gobierno, porque, como vos mismo lo dijisteis en vuestro discurso de anoche: los pueblos sueñan todavía con el reino de la justicia y del amor que les anticipara el Divino Maestro.
 Me complace aludir al escudo de Buenos Aires delante de V.E. monseñor Gomá y Tomás, primado de España, porque es  recordar al gran español don Juan de Garay, que en 1580 abrió los cimientos de esta ciudad; y en testimonio de su fe católica la puso bajo la advocación de la Santísima Trinidad y le dio por blasón un águila coronada que empuñaba una cruz roja, semejante a la que llevan en su manto los caballeros de Calatrava.

 Las armas de Buenos Aires son ahora la insignia del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, con la diferencia de que el águila no levanta una cruz, sino la resplandeciente custodia de la Eucaristía.
 A vos, Excmo. Señor, que habéis dado gloria a Dios y a las letras castellanas escribiendo con pluma de oro libros profundos y hermosos por su ciencia y por su fervor, os complacerá sin duda descubrir en los cimientos de Buenos Aires esta roca firme de la fundación, sellada con la católica y españolísima cruz de aquellos caballeros que hacían voto de defender, aun con las armas, la Inmaculada Concepción de María, objeto de vuestra ardiente devoción y tema de algunos de vuestros libros.


La Inmaculada de Alonso Cano-Barroco

Todos conocéis, señores, la historia de los Congresos Eucarísticos y sabéis quiénes son los autores de la iniciativa de celebrar en Buenos Aires el primer congreso de la América latina.
 No era fácil lograrlo, porque todas las naciones del mundo se disputan la gloria de estas asambleas.
  Los abogado de Buenos Aires, llamémoslos así, no se intimidaron ante los grandes título que otros países podrían aducir.
  El que observa el viento no sembrará; el que interroga las nubes no cosechará, dice un proverbio de Salomón.
 La cuestión se promovió en el congreso de Amsterdam en 1924, y se repitió en el de Cartago en 1928, y triunfó en el de Dublín en 1930; y esto que estamos viendo es su estupenda realización.
 Asistimos sin disputa al más grande Congreso Eucarístico de la historia. Buenos Aires, foco de las miradas del mundo católico, es la nueva Jerusalén adonde convergen los caminos de millones de modernos cruzados, que vienen a adorar la Hostia.
Y por el insigne honor de albergar en sus muros al Legado del Papa, que es en esta asamblea como el Papa mismo, se la puede elogiar con las palabras que la Iglesia pronuncia en la misa de la Inmaculada Concepción: Tus fundamentos están en la montaña santa. Hoy se canta tu gloria, ¡oh ciudad de Dios!
 Después de los millones de comuniones que han hecho en las últimas semanas las mujeres de Buenos Aires; después de la enternecedora comunión de 107.000 niños, en la mañana de ayer en Palermo; después de la impresionante comunión de los hombres, en la madrugada de hoy, que desbordó todas las previsiones, pues se esperaban 40.000 y concurrieron 400.000, y hemos presenciado atónitos cuadros dignos de la Iglesia primitiva, hombres adultos, aproximarse a un sacerdote desconocido y confesarse con él, allí, en plena calle, unas veces de rodillas, otras ambos de pie, pegados al oído del confesor los labios del penitente, y abrazados ambos y sin preocuparse de la muchedumbre, que pasaba silenciosa rozándolos; y hemos visto dividir una forma en cinco, seis, ocho partes, para que pudieran comulgar ocho hombres con una sola hostia; después de estas escenas que ni se vieron jamás, ni se presumieron nunca, podemos afirma que Buenos Aires se halla en estado de gracia.
 ¡Inolvidables escenas, señores! Doscientos mil hombres que, sin respeto humano, iban a comulgar; mientras otros hombres, millares y millares, desde los balcones o las aceras, los contemplaban emocionados, todos sorprendidos y muchos llenos de envidia.
 ¡En cuántos ojos hemos leído anoche esta melancólica declaración: Si yo tuviera fuerzas para romper tales prisiones; si yo tuviera energía para desdeñar tal censura; si yo tuviera valor para desafiar tal sonrisa, yo haría como ustedes, tocaría en el hombro a un sacerdote, me confesaría aquí mismo, comulgaría después, y mi alma quedaría en paz! ¡Pero no tengo fuerzas! ¡Recen por mí!
 Sí, señores; anoche rezamos por ellos.
 Este es uno de los frutos del Congreso Eucarístico Internacional.
 No perdonaríais mi distracción si olvidara los nombres de los insignes personajes que tuvieron la iniciativa de celebrarlo en Buenos Aires.
 Uno de ellos no ha presenciado el triunfo de su idea: Fray José María Liqueno, humilde y celoso franciscano fallecido en 1925. Como los santos en el cielo no se desinteresan de sus obras en la tierra, podemos creer que el Padre Liqueno ha prestado al Congreso Eucarístico de Buenos Aires todo su valimiento en la presencia de Dios; y quién sabe en qué medida ha contribuido al éxito.
 Otro es el apostólico soldado de Cristo doctor Tomás R. Cullen, cuyos trabajos en los Congresos Eucarísticos de Ámsterdam y de Cartago continuó en Dublín un prelado argentino a quien todos conocéis y veneráis: monseñor Daniel Figueroa. (Presidente de este Congreso en Argentina)
 Mas poco habrían podido ellos solos si no hubieran conquistado la ayuda entusiasta de los delegados españoles en Amsterdam, en Cartago y en Dublín.
 A Vuestra Excelencia me refiero, señor arzobispo de Toledo, y a vuestro noble compatriota, el excelentísimo obispo de Madrid-Alcalá, aquí presente, que fuisteis en aquellos decisivos momentos los mejores amigos de la Argentina.
 Delante de estos cuadros uno se pregunta: dónde está el secreto de los Congresos Eucarísticos, para atraer a las almas.
 No es difícil descubrirlo.
 Hasta los hombres que han perdido, en los revueltos caminos del mundo, el recuerdo de la niñez y del hogar, cuando un gran peligro amenaza su vida o su honor, buscan un  punto de apoyo, algo seguro en que afirmar la voluntad o la esperanza, e instintivamente tiende los brazos al recuerdo de la madre, viva o muerta.
 Así los pueblos, ebrios de arte, fatigados de ciencia, desesperados de orgullo y hastío, un día sienten la necesidad de una palabra simple que les dé la clave de las dos o tres cuestiones fundamentales que nos interesan: De dónde viene el hombre. Adónde va. Porqué existe el dolor. Con saber eso basta.
 Inútil interrogar a la filosofía pretenciosa y escéptica.
 Inútil interrogar a la herejía confusa y contradictoria. Londres contesta de un modo, Berlín de otro, y Moscú de cien.
 Sólo Roma, que es la madre de las naciones civilizadas, desde hace veinte siglos, responde con la misma palabra inmutable y sencilla. Porque Roma es la Iglesia, y la Iglesia es el Papa infalible.
 El alma llega a sentir aquella inferior ansiedad del padre del muchacho enfermo, que refiere San Marcos, y exclama con voz que enternece y descubre la silenciosa llaga de los incrédulos: Señor, creo; es decir, no creo todavía: ayuda mi incredulidad. Cura mi escepticismo.
 Comprende la contradicción y la vaciedad de esa filosofía liviana, que en el siglo XVIII niega a Cristo, en el XIX niega a Dios, en el XX niega la santidad, la moral y la patria, para abrazar los dogmas sangrientos y disolutos del comunismo.
 Y se cansa de oír hablar de los derechos del hombre; y se pregunta: Sólo derechos tiene el hombre. No tiene también deberes.  Cuáles son los deberes del hombre.
 Pero esa es la doctrina del sacrificio que sólo Roma conoce.
 El sacrificio que sorprende y escandaliza al hombre de mundo es la copa dulcísima en que beben los santos: A todos los éxtasis, dice Santa Teresita, yo prefiero el sacrificio.
 El Señor escucha siempre la voz de los que quieren creer y todavía no creen. Y sale Él mismo en su busca; y recorre los campos, las calles, las plazas.
 Cristo ha llegado a Buenos Aires, y anda buscando obreros para su viña.
 Recordáis el episodio evangélico.
 El Señor salió de mañana y encontró unos hombres que no trabajaban. Qué hacéis, que no trabajáis. Id a mi viña. Os pagaré un denario. Salió al mediodía y halló otros. Salió más tarde, a la siesta, y todavía encontró obreros desocupados. Porqué estáis así todo el día en la plaza sin hacer nada Id a mi viña, os daré un denario.
 A todos les pagó igual, no conforme al tiempo que le habían servido, sino conforme a su propia inescrutable voluntad de repartir sus gracias sin acepción de personas.
 De tal modo que los obreros del atardecer resultaron ser los mejor pagados.
 Cristo hoy recorre las calles y las plazas de Buenos Aires.
 Ya conoce a sus obreros de siempre; ahora busca a los otros. Quia tempos miserendi ejus,. quia venit tempos. Ha llegado el momento de la misericordia.
 Hay que confesar, digámoslo con seguridad y orgullo, que Buenos Aires, y cuando digo Buenos Aires digo la Nación, y digo nuestra América, y digo nuestra raza, se ha puesto de pie, para seguir a Cristo y librar bajo su pabellón las supremas batallas contra las puertas del infierno, por la fe, por la familia, por la patria.
 Sí, señores, la Nación se ha puesto de pie.
 Permitidme citar una vez más el Santo Evangelio según el texto de San Lucas. Fue en la última Pascua. Tomó el pan, y lo repartió diciendo: Este, es mi cuerpo. Luego el cáliz: Esta, es mi sangre, que será derramada por vosotros. Y, sin embargo, aquí, sobre la mesa, está la mano del que me traiciona. Y aquellos hombres que le escuchan, sin comprenderlo todo, empiezan a disputar sobre cosas nimias; y el Señor los calma y les enseña y de pronto les dice: El que no tenga, venda su túnica y compre una espada; porque estamos llegando al fin. Y ellos contestaron: Señor, he aquí dos espadas.
 Así ha respondido la Nación argentina a la voz de Jesús, que le decía: Vamos llegando al fin. Estás dispuesta. Vende la túnica y compra una espada. Señor, estoy dispuesta: aquí tienes dos espadas.
 Y hemos presentado al Señor la ley que aumenta los obispados y este formidable Congreso Eucarístico.
 Transformación milagrosa y más oportuna que nunca.
 Buenos Aires, con sus millones de hostias consagradas, es un inmenso copón que la mano del Papa levanta a los cielos.
  Y de ese copón y de esas hostias, que son la carne viva y adorable de Nuestro Señor Jesucristo, se alza esta oración:
  Señor, Dios de los ejércitos, pero también Príncipe de Paz, mira lo que está pasando en la tierra. Y por la plegaria de las esposas que oyen con espanto los clarines, convocando una nueva clase; y por el llanto sin culpa de los huérfanos; y por el sagrado heroísmo de los campos de batalla; y por la desolación de los heridos, abandonados en los bosques profundos de nuestra América; y por la sed de los agonizantes;  por la contrición de los que ven llegar las sombras de su última noche; y por la esperanza de los que ven encenderse al morir las verdades eternas; y por el último grito que es a veces la primera oración del soldado que muere; y por la gracia bautismal de los 107.000 niños cuyos padres hemos oído vuestra palabra dejad a los niños que vengan a mí y los hemos empujado a vuestros brazos; y por las 400.000 comuniones de hombres, a la medianoche, y por las misas de estos 1.000 sacerdotes venidos de toda la tierra; y por las manos doblemente consagradas de estos doscientos obispos; y por la ardiente devoción de vuestros cardenales; y por la piedad del Papa, que ha querido aumentar vuestra gloria con magnificencia de rey; y por la dulzura de Vuestra Madre, a quien invocamos Reina de la Paz; y de nuevo por el dolor de todas las madres, que pierden sus hijos en la guerra; y por la sangre de Cristo, que llena este inmenso copón de Buenos Aires, os imploramos la paz para nuestra América, la paz para España, la paz para el mundo inquieto y triste.
 Pero la paz que pedimos no es solamente la cesación de las batallas.
 Recordemos las palabras de Jesús cuando lloró ante las puertas de Jerusalén: Si a lo menos conocieras lo que haría tu paz…Pero estas cosas están ahora ocultas a tus ojos.
 Ahora no, Señor; ahora hemos visto; ahora sabemos dónde está la paz.
 El instinto secreto de una raza que, a pesar de sus prevaricaciones, sigue siendo íntimamente católico, nos ha advertido en estos días del Congreso Eucarístico dónde está la fuente de la paz.
 Como el torrente del profeta Ezequiel, cuyas aguas endulzaban el mar, porque nacían a la puerta del Santuario, la fuente de la paz para los pueblos y para los soldados, para los espíritus y para los corazones, está en el copón de la Eucaristía.
   Y Buenos Aires ya lo ha descubierto en esta suprema jornada, y puede exclamar, como la esposa del Cantar de los Cantares:
      Yo soy a sus ojos la que ha encontrado la paz.

                                                                                   Buenos Aires, octubre 12 de 1934.

 Discursos pronunciados en el Teatro Colón, en presencia del Cardenal Pacelli, Legado a Latere del Vaticano; del Excmo. Presidente de la Nación Argentina Don Agustín P. Justo; de los Cardenales Cerejeira, Hlong, Verdier, Leme; del Primado de España, actual Cardenal Gomá y Tomás; del Primado de la Argentina, actual Cardenal Copello; en la brillante asamblea de la inolvidable noche del 12 de octubre de 1934



Adoración a la Santísima Trinidad





Caras y Caretas- octubre 1934-Garay funda La ciduad del Buen Ayre


Virgen del Buen Ayre


                              El sentido de la Conquista de América por Vicente SIerra               .
Extraido
p. 103 …Importa por eso mismo, comprender que no hay que dar a la relajación de los misioneros más importancia de la que en realidad tuvo en los hechos. Así como en el epistolario de Indias es difícil encontrar carta de religioso que esté de acuerdo con los procedimientos y la conducta de los gobernantes civiles o militares, así es rara la carta de éstos que no remarque defectos de los religiosos. Unidos en un fin común al Imperio, separaba a ambos grupos la estimación que cada parte hacía de sus propias funciones. Así, cuando se habla del mal trato dado a los indios no debe perderse de vista quién hace la denuncia, como que al hacerla respondía cada cual a la mentalidad propia de su época, y en aquel entonces, un obrero de la cadena Ford, unido a la coyunda del trabajo sistematizado, hubiera sido tan digno de conmiseración como la que merecían quienes eran enviados por la justicia a remar en galeras. La verdad es que el mal tratamiento dado a los indios por los españoles en el Perú no pudo ser nunca peor a la esclavitud misma en que esos naturales vivían bajo el régimen de los Incas. Si a un turista británico, sentimental, filantrópico, miembro de varias ligas antialcohólicas y protectoras de animales, le dijeran que pasear en Asia en carritos tirados por seres humanos hubiera sido, de producirse en América del siglo XVI, siempre que el que la tirara fuera un indio  -pues de ser español no había leyes para protegerlo- considerado como un caso de inicua explotación de los naturales, confesaría que, evidentemente, España y la religión papista son atrasadas y hasta enemigas del turismo.

 p.186  ….conviene destacar, sobre todo en obsequio de la detención de ciertas corrientes políticas indianistas, que la llegada de los españoles a América significó una verdadera liberación para muchas razas, que tanto en el Norte como en el Sur, permanecían en las condiciones más miserables, sojuzgadas por los conquistadores indios de razas más fuertes. Fueron esas razas esclavizadas lo s mejores aliados  de los conquistadores. En tal sentido, los Incas no se distinguieron por sus sentimientos indianistas, y cuando conquistaban imponían hasta su lengua. Casi todos los cronistas de la conquista del Perú, entre ellos Cieza de León y Garcilaso, destacan que los encargados de enseñar la lengua de los Incas se metían para ello entre las tribus vecindad cumpliendo, simultáneamente, funciones de vigilancia, y que para destruir las costumbres propias, los Incas trasladaban grupos de vencidos desde sus tierras a los puntos más lejanos del imperio. En virtud de este procedimiento es que los aymaras, de origen cuzqueño, pasaron a ocupar las vecindades del lago Titicaca y como muchos collas fueron enviados a Arequipa. Se produjo de tal forma, por métodos nada idílicos –a pesar de que los indianistas creen, que antes de la conquista fueron estas tierras un mundo de idilio- una expansión inusitada de la lengua de los vencedores, a lo que hubo de contribuir España por la necesidad de buscar el camino más fácil para poder convertir a los indios.
  Hace lo que hicieron los Incas, o sea, enseñar a los indios la lengua del vencedor fue en algún momento idea que se abrió campo en España, pero que se tardó poco en reconocer como imposible. Se adoptó, finalmente, el camino más fácil, que era del de difundir la lengua general del Perú, y abrir cátedras para que los misioneros aprendieran esa y las demás lenguas de los naturales,…..

(Subrayado para  resaltar la coincidencia en la aplicación del mismo método que aplicaban ya  los "originarios" y luego se repite en Argentina, para despoblar regiones ambicionadas, por medio de guerras; de inmigraciones, de emigraciones (estudiantiles, de trabajadores. paa debilitar la nacionalidad, la individualidad) 



la ilustración  inferior obra del jesuita Paucke, del natural.
Así era la gran civilización encontrada y destruida por los españoles! La foto del canibalismo no es de acá pero da lo mismo; esta barbarie existía ya en el nuevo continente.Y a eso volvemos rápidamente, con el aquelarre de las Piqueteras, la libertad sexual en todo sentido ...estimulado por la nueva iglesia, financiados por los políticos...


 COSTA RICA DEFIENDE LA OBRA COLONIZADORA DE ESPAÑA

 Basta de leyenda negra contra la Nación que dio absolutamente todo, su espíritu y su   carne, por sus colonias

SEDE DE LAS NACIONES UNIDAS (Nueva York).- El doctor Gonzalo Ortiz Martín, de Costa Rica, ha defendido a España ante la Asamblea General contra los ataques de Rusia y otras delegaciones.
“Nosotros, Costa Rica, advinimos al conocimiento universal cuando fue descubierto nuestro país por Cristóbal Colón en misión encomendada por los Reyes Católicos”, dijo el señor Ortiz Martín.
“Fuimos desde entonces, hasta nuestra independencia en 1821, colonia de España. Séame permitido, porque así lo consideramos de justicia, referirme a violentas palabras y conceptos hirientes que se han vertido aquí con relación al coloniaje español en América. Cada época tiene sus propias características políticas. No es posible pretender que en tiempos de la Reina Isabel la Católica se impusiese, por ejemplo, el régimen democrático en las tierras descubiertas, cuando este sistema no se practicaba entonces.  Es preciso tener presente que una cosa es la conquista española en sí y otra la administración colonial. El conquistador era hombre de guerra, y la guerra, desgraciadamente ayer y hoy despierta en los hombres instintos primitivos que les tornan tan feroces como las bestias. La administración hispana se caracterizó por el gran número de leyes dictadas a favor de los indígenas, en no dejar queja sin ser atendida por los tribunales regionales y los metropolitanos.
 No puede olvidarse que los gobernantes ibéricos en América estaban sujetos al juicio de residencia, consistente en una amplia investigación pública y judicial sobre su administración, no pudiendo el funcionario abandonar su anterior jurisdicción hasta tanto no fuera emitido el fallo absolutivo en la residencia. Se impuso como fundamento de la gran empresa española la evangelización de los nativos para abrir sus espíritus a la luz del cristianismo, que es amor, caridad, igualdad y paz entre los hombres.
 Basta ya de leyenda negra contra España –siguió diciendo el señor Ortiz- , que le dio todo, absolutamente todo, su espíritu y su carne, por sus colonias. La decadencia española, la material, se originó con el descubrimiento de las Indias, ya que decadencia espiritual no existió, porque su espíritu quijotesco, su filosofía cristiana, su generosidad espléndida, corren caudalosas en nuestras venas junto a la indómita sangre india. España no se enriqueció en América, se arruinó en América. Séame disculpada esta digresión,  hecha en honor a la verdad histórica y como un recuerdo de gratitud a la que es madre Patria, no en preciosos versos, sino en la realidad de la prosa”  
 Extraído de  LA TRADICIÓN, revista del P. Hervé Le Lay .- nº 59  Marzo-abril 1963  







Isabel la Católica Reina de España y Madre de América


                      Granada-Tumbas de Isabel y Fernando y su hija Juana y D. Felipe (el Hermoso)
Catedral de Sevilla-Panteón. Monumento a COLÓN



Y a ellos qué les espera. Qué les dejamos.
                                                     El Hogar, Octubre 1934- Buenos Aires

                                        Súplica, por nosotros y por ellos, los niños
                                                    
Reverso estampa Reina Isabel



Donde está en negrita es una cita, resaltación del texto o una interrogación.



San Miguel Arcángel defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la malignidad y las insidias del demonio. ¡Reprímale Dios! Pedimos suplicantes. Y tú príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
                                                        AMÉN