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| La Virgen de los Reyes Católicos-Anónimo del S.XV- Museo del Prado |
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| Rey Fernando y el primogénito D. Juan - Reina Isabel y una de las hijas, Catalina Detalles del mismo- La familia Real orando |
| Cristóbal Colón formula su proyecto ante sabios en el Convento de la Rábida-Huelva- España |
| Las Carabelas de Colón- La Santa María, La Niña y La Pinta |
… Hace 623 años… en las carabelas de Colón todos los días, al amanecer, sus 96 tripulantes recitaban esta Plegaria:
Bendita sea la luz
Y la Santa
Veracruz
Y el Señor
de la Verdad
Y la Santa
Trinidad
Bendita sea
el alba
Y el Señor
que nos la manda
Bendito sea
el día
Y el Señor
que nos lo envía.
| Colón y primeros tripulantes pisan tierra del nuevo continente por primera vez. |
| Escudo de España |
Conferencia del Pbro.
Pablo Cabrera, leída el 11 de octubre de 1900 en el Local de la Sociedad Unión
y Progreso.- Córdoba. (Los Principios 13 de octubre de 1900 )
Todas las
empresas descubridoras del mundo llevadas a cabo por España y Portugal a fines del S. XV y primer tercio
del siguiente siglo, fueron realizadas bajo la inspiración de la Fe.
…Fue
dilatar el Imperio de Jesucristo, hacer que el mayor número de almas
participara de los beneficios de la Cruz.
Vasco de Gama, Alburquerque, Magallanes,
Elcano, Figueira, Correa, obedecieron a aquel impulso.
Terminada esta Cruzada Cristiana deseaba
proseguirla en el mundo y extender hasta los últimos confines del orbe, el Imperio de Jesucristo. Tal fue el OBJETO PRINCIPAL en los grandes viajes
marítimos del S. XV y XVI… Sin descuidar las ventajas de orden comercial, los
intereses del linaje económico.
Colón, su autor, ocupa un sitio aparte en la
serie de inmortales. Su nombre de por sí expresaba sus destinos : Cristóforo, Christum
ferens, portador
de Cristo a través de nuevos mares y de nuevas tierras.
… la nave
tripulada por él lleva el nombre de Santa María. En lo alto de los mástiles
flamea la enseña de Castilla, el estandarte de la Cruz.
Descubre la
primera tierra y con solemnidad religiosa se posesiona de ella, EN NOMBRE DE
JESUCRISTO Y DE LOS REYES DE LEON Y DE CASTILLA, trueca el nombre de la misma
por el de Isla de San Salvador. ……
…Cuando
traza su carta geográfica, vacía en ella, en cierto modo, todo el Calendario
Cristiano.
Luis Veuillot, dijo: …el ideal fue más religioso que
político…
Cabrera termina
su discurso diciendo: He ahí pues señores, la obra de Colón en orden a sus
consecuencias de carácter material, social y político: que las de linaje moral,
las trascendentales aún, se concentran, como en hermosa síntesis, en estas
célebres palabras de Calcaño : “Cristóbal Colón, dio la civilización de la Cruz
a un hemisferio, y un hemisferio a la civilización de la Cruz. ….
Extraido de la Conferencia, publicada abajo. En la Sociedad Unión y Progreso.
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| Los Principios-12.10.1919 |
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| Rey Fernando y Reina Isabel - Reyes de España- Padres de América |
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| De la Revista Eclesiástica del Arzob. de Buenos Aires - 1904 |
| Primeros misioneros evangelizando - Futuros mártires |
En el Certamen literario de los Juegos Florales de Córdoba, Mons. Cabrera con su trabajo Ensayo Histórico sobre la Fundación de Córdoba obtuvo el premio asignado por la Honorable Municipalidad de Córdoba al tema III de estos Juegos, realizados el 12 de octubre de 1919 bajo los auspicios del Círculo Español, de esta ciudad, con motivo de la celebración del Glorioso Día de la Raza. Se publica a mérito de la autorización otorgada por la respetable Junta Ejecutiva de las expresadas fiestas.
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| Pablo Cabrera-Primer Premio Juegos Florales - 12.10.1919- |
ELOGIO DE LA HISPANIDAD- 12 OCTUBRE 1934 -
(...) LA OBRA DE ESPAÑA, OBRA DE CATOLICISMO
Yo debiera demostraros ahora que la obra de España fue,
antes que todo, obra de catolicismo. No es necesario. Aquí está el hecho,
colosal. Al siglo de empezada la conquista, América era virtualmente cristiana.
La Cruz señoreaba, con el pendón de Castilla, las
vastísimas regiones que se extienden de Méjico a la Patagonia; cesaban los sacrificios humanos y las
supersticiones horrendas; templos magníficos cobijaban bajo sus bóvedas a aquellos pueblos, antes bárbaros, y germinaban
en nuevos y dilatados países las virtudes del Evangelio. Jesucristo había triplicado su reino en la
tierra.
Porque España fue un Estado misionero antes que
conquistador. Si utilizó la espada fue para que, sin violencia, pasara triunfante la Cruz. La tónica de la
conquista la daba Isabel la Católica, cuando a la hora de su muerte dictaba al escribano real estas palabras: Nuestra principal intención fue de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) e los convertir a Nuestra
santa fe catholica. La daba Carlos V cuando, al despedir a los Prelados de Panamá y Cartagena, les decía: Mirad que os he echado aquellas ánimas a cuestas; parad mientes que deis cuenta dellas a Dios, y
me descarguéis a mí. La dieron todos los Monarcas en frases que suscribiría el más ardoroso misionero
de nuestra fe. La daban las leyes de Indias, cuyo pensamiento oscila entre estas dos grandes
preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes.
España mandó a América lo más selecto de sus misioneros.
Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Jesuitas, acá enviaron hombres de talla y de fama europea. Los
nombres de Fray Juan de Gaona, una de las primeras glorias de la iglesia americana; de Fray Francisco de
Bustamante, uno de los grandes predicadores de su tiempo; Fray Alonso de Veracruz, teólogo eminente; todos
ellos eran de alto abolengo, o por la sangre o por las letras, y dejaban una Europa que les hubiera
levantado sobre las alas de la fama.
Los mismos conquistadores se distinguieron tanto por su
genio militar como por su alma de apóstoles. Pizarro, que funda la ciudad de Cuzco en acrescentamiento de
nuestra sancta fee catholica; Balboa, que al descubrir el Pacífico, que no habían visto ojos de hombre
blanco, desde las alturas andinas, hinca su rodillas y bendice a Jesucristo y a su Madre y espera para Dios la
conquista de aquellas tierras y mares; Menéndez de Avilés, el conquistador de la Florida, que promete
emplear todo lo que fuere y tuviere para meter el Evangelio en aquellas tierras, y otros cien, no hicieron más que
seguir el espíritu de Colón al desembarcar por vez primera en San Salvador: Yo –dice el Almirante–, porque
nos tuvieran mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe con
amor que no por fuerza, les di unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al
pescuezo.
La misma nomenclatura de ciudades y comarcas, con la que
se formaría un extenso santoral; las sumas enormes que al erario español costaron las misiones y que
el P. Bayle hace montar, en tres siglos, a seiscientos millones de pesetas; esta devoción profunda
de América a la Madre de Dios, en especial bajo la advocación de Guadalupe, trasplantada de la diócesis de
Toledo a las Américas por los conquistadores extremeños; y –qué más– esta tenacidad con que la
América española, desde Méjico, la mártir, hasta e Cabo de Hornos, sostiene la vieja fe contra la tiranía y
las sectas, por encima del huracán del laicismo racionalista, qué otra cosa es más que argumento invicto
de que la forma sustancial de la obra de España en América fue la fe católica Arrancadla de España y
América, y no digo que nos quedamos sin la llave de nuestra historia, acá y allá, sino que nos falta hasta el
secreto del descubrimiento del Nuevo Mundo, que arrancó de los ignotos mares España, misionera antes que conquistadora, en el pensamiento político del Estado.
Y faltará el secreto de la raza, de la hispanidad, que, o
es palabra vacía, o es la síntesis de todos los valores espirituales que, con el catolicismo, forman el
patrimonio de los pueblos hispanoamericanos.
América es obra nuestra; esta obra es esencialmente de
catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre raza o hispanidad y catolicismo. Vamos a señalar las
orientaciones viables en el sentido de formación de espíritu de
hispanidad. Pero antes respondamos a algunos…
Parte del discurso del Cardenal Primado de España I. Goma y Tomás
UNA
CIUDAD EN ESTADO DE GRACIA
Por Gustavo Martínez Zuviría
No os sorprenda,
señores, mi emoción al usar de la palabra en este moment y en presencia de tan ilustrado
concurso.
He vacilado mucho al entrar, os lo confieso,
pero he recordado la hermosa oración de Esther, antes de llegar a la presencia
del rey Asuero, y la he repetido mentalmente: Acordaos de mí, Señor, vos que
domináis todo poder. Poned en mi boca lo que debo decir, a fin de que mis
palabras sean agradables al príncipe.
Eminentísimo señor, que representáis con
incomparable majestad al Vicario de Cristo en la tierra, rey de reyes aunque se
firme siervo de los siervos de Dios, dignaos aceptar el corazón palpitante de
esta gran ciudad latina, que tiene en su escudo una cruz; y a vos, Excmo. Señor presidente de la Nación, dejadme que os diga
que el pueblo argentino, que anoche visteis desfilar, y cuya fe se muestra en
forma in tergiversable, está orgulloso
de veros continuar la lista de sus presidentes católicos, y de afirmar con
palabras elocuentes y hechos prácticos vuestras sinceras convicciones, fuentes
de buen gobierno, porque, como vos mismo lo dijisteis en vuestro discurso de
anoche: los pueblos sueñan todavía con el reino de la justicia y del amor que
les anticipara el Divino Maestro.
Me complace aludir al escudo de Buenos Aires
delante de V.E. monseñor Gomá y Tomás, primado de España, porque es recordar al gran español don Juan de Garay,
que en 1580 abrió los cimientos de esta ciudad; y en testimonio de su fe
católica la puso bajo la advocación de la Santísima Trinidad
y le dio por blasón un águila coronada que empuñaba una cruz roja, semejante a
la que llevan en su manto los caballeros de Calatrava.
Las armas de Buenos Aires son ahora la
insignia del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, con la diferencia de que
el águila no levanta una cruz, sino la resplandeciente custodia de la Eucaristía.
A vos, Excmo. Señor, que habéis dado gloria a
Dios y a las letras castellanas escribiendo con pluma de oro libros profundos y
hermosos por su ciencia y por su fervor, os complacerá sin duda descubrir en
los cimientos de Buenos Aires esta roca firme de la fundación, sellada con la
católica y españolísima cruz de aquellos caballeros que hacían voto de
defender, aun con las armas, la Inmaculada Concepción
de María, objeto de vuestra ardiente devoción y tema de algunos de vuestros
libros.
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| La Inmaculada de Alonso Cano-Barroco |
Todos conocéis, señores, la historia de los
Congresos Eucarísticos y sabéis quiénes son los autores de la iniciativa de
celebrar en Buenos Aires el primer congreso de la América latina.
No era fácil lograrlo, porque todas las
naciones del mundo se disputan la gloria de estas asambleas.
Los abogado de Buenos Aires, llamémoslos así,
no se intimidaron ante los grandes título que otros países podrían aducir.
El que observa el viento no sembrará; el que
interroga las nubes no cosechará, dice un proverbio de Salomón.
La cuestión se promovió en el congreso de
Amsterdam en 1924, y se repitió en el de Cartago en 1928, y triunfó en el de
Dublín en 1930; y esto que estamos viendo es su estupenda realización.
Asistimos sin disputa al más grande Congreso
Eucarístico de la historia. Buenos Aires, foco de las miradas del mundo
católico, es la nueva Jerusalén adonde convergen los caminos de millones de
modernos cruzados, que vienen a adorar la Hostia.
Y por el insigne honor
de albergar en sus muros al Legado del Papa, que es en esta asamblea como el
Papa mismo, se la puede elogiar con las palabras que la Iglesia pronuncia en la
misa de la
Inmaculada Concepción: Tus fundamentos están en la montaña
santa. Hoy se canta tu gloria, ¡oh ciudad de Dios!
Después de los millones de comuniones que han
hecho en las últimas semanas las mujeres de Buenos Aires; después de la
enternecedora comunión de 107.000 niños, en la mañana de ayer en Palermo;
después de la impresionante comunión de los hombres, en la madrugada de hoy,
que desbordó todas las previsiones, pues se esperaban 40.000 y concurrieron
400.000, y hemos presenciado atónitos cuadros dignos de la Iglesia primitiva, hombres
adultos, aproximarse a un sacerdote desconocido y confesarse con él, allí, en
plena calle, unas veces de rodillas, otras ambos de pie, pegados al oído del
confesor los labios del penitente, y abrazados ambos y sin preocuparse de la
muchedumbre, que pasaba silenciosa rozándolos; y hemos visto dividir una forma
en cinco, seis, ocho partes, para que pudieran comulgar ocho hombres con una
sola hostia; después de estas escenas que ni se vieron jamás, ni se presumieron
nunca, podemos afirma que Buenos Aires se halla en estado de gracia.
¡Inolvidables escenas, señores! Doscientos mil
hombres que, sin respeto humano, iban a comulgar; mientras otros hombres,
millares y millares, desde los balcones o las aceras, los contemplaban
emocionados, todos sorprendidos y muchos llenos de envidia.
¡En cuántos ojos hemos leído anoche esta
melancólica declaración: Si yo tuviera fuerzas para romper tales prisiones; si
yo tuviera energía para desdeñar tal censura; si yo tuviera valor para desafiar
tal sonrisa, yo haría como ustedes, tocaría en el hombro a un sacerdote, me
confesaría aquí mismo, comulgaría después, y mi alma quedaría en paz! ¡Pero no
tengo fuerzas! ¡Recen por mí!
Sí, señores; anoche rezamos por ellos.
Este es uno de los frutos del Congreso
Eucarístico Internacional.
No perdonaríais mi distracción si olvidara los
nombres de los insignes personajes que tuvieron la iniciativa de celebrarlo en
Buenos Aires.
Uno de ellos no ha presenciado el triunfo de
su idea: Fray José María Liqueno, humilde y celoso franciscano fallecido en
1925. Como los santos en el cielo no se desinteresan de sus obras en la tierra,
podemos creer que el Padre Liqueno ha prestado al Congreso Eucarístico de
Buenos Aires todo su valimiento en la presencia de Dios; y quién sabe en qué
medida ha contribuido al éxito.
Otro es el apostólico soldado de Cristo doctor
Tomás R. Cullen, cuyos trabajos en los Congresos Eucarísticos de Ámsterdam y de
Cartago continuó en Dublín un prelado argentino a quien todos conocéis y
veneráis: monseñor Daniel Figueroa. (Presidente de este Congreso en Argentina)
Mas poco habrían podido ellos solos si no
hubieran conquistado la ayuda entusiasta de los delegados españoles en
Amsterdam, en Cartago y en Dublín.
A Vuestra Excelencia me refiero, señor
arzobispo de Toledo, y a vuestro noble compatriota, el excelentísimo obispo de
Madrid-Alcalá, aquí presente, que fuisteis en aquellos decisivos momentos los
mejores amigos de la
Argentina.
Delante de estos cuadros uno se pregunta: dónde está el secreto de los Congresos Eucarísticos, para atraer a las almas.
No es difícil descubrirlo.
Hasta los hombres que han perdido, en los
revueltos caminos del mundo, el recuerdo de la niñez y del hogar, cuando un
gran peligro amenaza su vida o su honor, buscan un punto de apoyo, algo seguro en que afirmar la
voluntad o la esperanza, e instintivamente tiende los brazos al recuerdo de la madre,
viva o muerta.
Así los pueblos, ebrios de arte, fatigados de
ciencia, desesperados de orgullo y hastío, un día sienten la necesidad de una
palabra simple que les dé la clave de las dos o tres cuestiones fundamentales
que nos interesan: De dónde viene el hombre. Adónde va. Porqué existe el
dolor. Con saber eso basta.
Inútil interrogar a la filosofía pretenciosa y
escéptica.
Inútil interrogar a la herejía confusa y
contradictoria. Londres contesta de un modo, Berlín de otro, y Moscú de cien.
Sólo Roma, que es la madre de las naciones civilizadas,
desde hace veinte siglos, responde con la misma palabra inmutable y sencilla.
Porque Roma es la Iglesia,
y la Iglesia
es el Papa infalible.
El alma llega a sentir aquella inferior
ansiedad del padre del muchacho enfermo, que refiere San Marcos, y exclama con
voz que enternece y descubre la silenciosa llaga de los incrédulos: Señor,
creo; es decir, no creo todavía: ayuda mi incredulidad. Cura mi escepticismo.
Comprende la contradicción y la vaciedad de
esa filosofía liviana, que en el siglo XVIII niega a Cristo, en el XIX niega a
Dios, en el XX niega la santidad, la moral y la patria, para abrazar los dogmas
sangrientos y disolutos del comunismo.
Y se cansa de oír hablar de los derechos del
hombre; y se pregunta: Sólo derechos tiene el hombre. No tiene también
deberes. Cuáles son los deberes del hombre.
Pero esa es la doctrina del sacrificio que
sólo Roma conoce.
El sacrificio que sorprende y escandaliza al
hombre de mundo es la copa dulcísima en que beben los santos: A todos los
éxtasis, dice Santa Teresita, yo prefiero el sacrificio.
El Señor escucha siempre la voz de los que
quieren creer y todavía no creen. Y sale Él mismo en su busca; y recorre los
campos, las calles, las plazas.
Cristo ha llegado a Buenos Aires, y anda
buscando obreros para su viña.
Recordáis el episodio evangélico.
El Señor salió de mañana y encontró unos
hombres que no trabajaban. Qué hacéis, que no trabajáis. Id a mi viña. Os
pagaré un denario. Salió al mediodía y halló otros. Salió más tarde, a la
siesta, y todavía encontró obreros desocupados. Porqué estáis así todo el
día en la plaza sin hacer nada Id a mi viña, os daré un denario.
A todos les pagó igual, no conforme al tiempo
que le habían servido, sino conforme a su propia inescrutable voluntad de
repartir sus gracias sin acepción de personas.
De tal modo que los obreros del atardecer
resultaron ser los mejor pagados.
Cristo hoy recorre las calles y las plazas de
Buenos Aires.
Ya conoce a sus obreros de siempre; ahora
busca a los otros. Quia tempos miserendi
ejus,. quia venit tempos. Ha llegado el momento de la misericordia.
Hay que confesar, digámoslo con seguridad y
orgullo, que Buenos Aires, y cuando digo Buenos Aires digo la Nación, y digo nuestra
América, y digo nuestra raza, se ha puesto de pie, para seguir a Cristo y
librar bajo su pabellón las supremas batallas contra las puertas del infierno,
por la fe, por la familia, por la patria.
Sí, señores, la Nación se ha puesto de pie.
Permitidme citar una vez más el Santo
Evangelio según el texto de San Lucas. Fue en la última Pascua. Tomó el pan, y
lo repartió diciendo: Este, es mi cuerpo. Luego el cáliz: Esta, es mi
sangre, que será derramada por vosotros. Y, sin embargo, aquí, sobre la mesa,
está la mano del que me traiciona. Y aquellos hombres que le escuchan, sin
comprenderlo todo, empiezan a disputar sobre cosas nimias; y el Señor los calma
y les enseña y de pronto les dice: El que no tenga, venda su túnica y compre
una espada; porque estamos llegando al fin. Y ellos contestaron: Señor, he
aquí dos espadas.
Así ha respondido la Nación argentina a la voz
de Jesús, que le decía: Vamos llegando al fin. Estás dispuesta. Vende la
túnica y compra una espada. Señor, estoy dispuesta: aquí tienes dos espadas.
Y hemos presentado al Señor la ley que aumenta
los obispados y este formidable Congreso Eucarístico.
Transformación milagrosa y más oportuna que
nunca.
Buenos Aires, con sus millones de hostias
consagradas, es un inmenso copón que la mano del Papa levanta a los cielos.
Y de ese copón y de esas hostias, que son la
carne viva y adorable de Nuestro Señor Jesucristo, se alza esta oración:
Señor, Dios de los ejércitos, pero también
Príncipe de Paz, mira lo que está pasando en la tierra. Y por la plegaria de
las esposas que oyen con espanto los clarines, convocando una nueva clase; y
por el llanto sin culpa de los huérfanos; y por el sagrado heroísmo de los
campos de batalla; y por la desolación de los heridos, abandonados en los
bosques profundos de nuestra América; y por la sed de los agonizantes; por la contrición de los que ven llegar las
sombras de su última noche; y por la esperanza de los que ven encenderse al
morir las verdades eternas; y por el último grito que es a veces la primera
oración del soldado que muere; y por la gracia bautismal de los 107.000 niños
cuyos padres hemos oído vuestra palabra dejad a los niños que vengan a mí y
los hemos empujado a vuestros brazos; y por las 400.000 comuniones de hombres,
a la medianoche, y por las misas de estos 1.000 sacerdotes venidos de toda la
tierra; y por las manos doblemente consagradas de estos doscientos obispos; y
por la ardiente devoción de vuestros cardenales; y por la piedad del Papa, que
ha querido aumentar vuestra gloria con magnificencia de rey; y por la dulzura
de Vuestra Madre, a quien invocamos Reina de la Paz; y de nuevo por el dolor de todas las madres,
que pierden sus hijos en la guerra; y por la sangre de Cristo, que llena este
inmenso copón de Buenos Aires, os imploramos la paz para nuestra América, la
paz para España, la paz para el mundo inquieto y triste.
Pero la paz que pedimos no es solamente la
cesación de las batallas.
Recordemos las palabras de Jesús cuando lloró
ante las puertas de Jerusalén: Si a lo menos conocieras lo que haría tu paz…Pero
estas cosas están ahora ocultas a tus ojos.
Ahora no, Señor; ahora hemos visto; ahora
sabemos dónde está la paz.
El instinto secreto de una raza que, a pesar
de sus prevaricaciones, sigue siendo íntimamente católico, nos ha advertido en
estos días del Congreso Eucarístico dónde está la fuente de la paz.
Como el torrente del profeta Ezequiel, cuyas
aguas endulzaban el mar, porque nacían a la puerta del Santuario, la fuente de
la paz para los pueblos y para los soldados, para los espíritus y para los
corazones, está en el copón de la Eucaristía.
Y Buenos Aires ya lo ha descubierto en esta
suprema jornada, y puede exclamar, como la esposa del Cantar de los Cantares:
Yo soy a sus ojos la que ha encontrado
la paz.
Buenos Aires, octubre 12 de 1934.
Discursos pronunciados en
el Teatro Colón, en presencia del Cardenal Pacelli, Legado a Latere del
Vaticano; del Excmo. Presidente de la Nación Argentina
Don Agustín P. Justo; de los Cardenales Cerejeira, Hlong, Verdier, Leme; del
Primado de España, actual Cardenal Gomá y Tomás; del Primado de la Argentina, actual
Cardenal Copello; en la brillante asamblea de la inolvidable noche del 12 de
octubre de 1934
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| Adoración a la Santísima Trinidad |
| Caras y Caretas- octubre 1934-Garay funda La ciduad del Buen Ayre |
| Virgen del Buen Ayre |
El sentido de la Conquista de América por Vicente SIerra .
Extraido
p. 103 …Importa por eso mismo, comprender que no hay que dar a la
relajación de los misioneros más importancia de la que en realidad tuvo en los
hechos. Así como en el epistolario de Indias es difícil encontrar carta de
religioso que esté de acuerdo con los procedimientos y la conducta de los
gobernantes civiles o militares, así es rara la carta de éstos que no remarque
defectos de los religiosos. Unidos en un fin común al Imperio, separaba a ambos
grupos la estimación que cada parte hacía de sus propias funciones. Así, cuando
se habla del mal trato dado a los indios no debe perderse de vista quién hace
la denuncia, como que al hacerla respondía cada cual a la mentalidad propia de
su época, y en aquel entonces, un obrero de la cadena Ford, unido a la coyunda
del trabajo sistematizado, hubiera sido tan digno de conmiseración como la que
merecían quienes eran enviados por la justicia a remar en galeras. La verdad es
que el mal tratamiento dado a los indios por los españoles en el Perú no pudo
ser nunca peor a la esclavitud misma en que esos naturales vivían bajo el
régimen de los Incas. Si a un turista británico, sentimental, filantrópico,
miembro de varias ligas antialcohólicas y protectoras de animales, le dijeran
que pasear en Asia en carritos tirados por seres humanos hubiera sido, de
producirse en América del siglo XVI, siempre que el que la tirara fuera un
indio -pues de ser español no había
leyes para protegerlo- considerado como un caso de inicua explotación de los
naturales, confesaría que, evidentemente, España y la religión papista son
atrasadas y hasta enemigas del turismo.
p.186 ….conviene destacar, sobre
todo en obsequio de la detención de ciertas corrientes políticas indianistas,
que la llegada de los españoles a América significó una verdadera liberación
para muchas razas, que tanto en el Norte como en el Sur, permanecían en las
condiciones más miserables, sojuzgadas por los conquistadores indios de razas
más fuertes. Fueron esas razas esclavizadas lo s mejores aliados de los conquistadores. En tal sentido, los
Incas no se distinguieron por sus sentimientos indianistas, y cuando
conquistaban imponían hasta su lengua. Casi todos los cronistas de la conquista
del Perú, entre ellos Cieza de León y Garcilaso, destacan que los encargados de
enseñar la lengua de los Incas se metían para ello entre las tribus vecindad
cumpliendo, simultáneamente, funciones de vigilancia, y que para destruir
las costumbres propias, los Incas trasladaban grupos de vencidos desde sus
tierras a los puntos más lejanos del imperio. En virtud de este
procedimiento es que los aymaras, de origen cuzqueño, pasaron a ocupar las
vecindades del lago Titicaca y como muchos collas fueron enviados a Arequipa.
Se produjo de tal forma, por métodos nada idílicos –a pesar de que los indianistas creen, que antes de la conquista fueron estas tierras un mundo de
idilio- una expansión inusitada de la lengua de los vencedores, a lo que hubo
de contribuir España por la necesidad de buscar el camino más fácil para poder
convertir a los indios.
Hace lo que hicieron los Incas,
o sea, enseñar a los indios la lengua del vencedor fue en algún momento idea
que se abrió campo en España, pero que se tardó poco en reconocer como
imposible. Se adoptó, finalmente, el camino más fácil, que era del de difundir
la lengua general del Perú, y abrir cátedras para que los misioneros
aprendieran esa y las demás lenguas de los naturales,…..
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| la ilustración inferior obra del jesuita Paucke, del natural. |
COSTA RICA DEFIENDE LA OBRA COLONIZADORA
DE ESPAÑA
Basta de
leyenda negra contra la Nación
que dio absolutamente todo, su espíritu y su carne,
por sus colonias
SEDE DE LAS NACIONES UNIDAS (Nueva York).- El doctor
Gonzalo Ortiz Martín, de Costa Rica, ha defendido a España ante la Asamblea General
contra los ataques de Rusia y otras delegaciones.
“Nosotros, Costa Rica, advinimos al conocimiento
universal cuando fue descubierto nuestro país por Cristóbal Colón en misión
encomendada por los Reyes Católicos”, dijo el señor Ortiz Martín.
“Fuimos desde entonces, hasta nuestra independencia en
1821, colonia de España. Séame permitido, porque así lo consideramos de
justicia, referirme a violentas palabras y conceptos hirientes que se han
vertido aquí con relación al coloniaje español en América. Cada época tiene sus
propias características políticas. No es posible pretender que en tiempos de la Reina Isabel la Católica se impusiese,
por ejemplo, el régimen democrático en las tierras descubiertas, cuando este
sistema no se practicaba entonces. Es
preciso tener presente que una cosa es la conquista española en sí y otra la
administración colonial. El conquistador era hombre de guerra, y la guerra,
desgraciadamente ayer y hoy despierta en los hombres instintos primitivos que
les tornan tan feroces como las bestias. La administración hispana se caracterizó
por el gran número de leyes dictadas a favor de los indígenas, en no dejar
queja sin ser atendida por los tribunales regionales y los metropolitanos.
No puede
olvidarse que los gobernantes ibéricos en América estaban sujetos al juicio de
residencia, consistente en una amplia investigación pública y judicial sobre su
administración, no pudiendo el funcionario abandonar su anterior jurisdicción
hasta tanto no fuera emitido el fallo absolutivo en la residencia. Se impuso
como fundamento de la gran empresa española la evangelización de los nativos
para abrir sus espíritus a la luz del cristianismo, que es amor, caridad,
igualdad y paz entre los hombres.
Basta ya de
leyenda negra contra España –siguió diciendo el señor Ortiz- , que le dio todo,
absolutamente todo, su espíritu y su carne, por sus colonias. La decadencia
española, la material, se originó con el descubrimiento de las Indias, ya que
decadencia espiritual no existió, porque su espíritu quijotesco, su filosofía
cristiana, su generosidad espléndida, corren caudalosas en nuestras venas junto
a la indómita sangre india. España no se enriqueció en América, se arruinó en
América. Séame disculpada esta digresión,
hecha en honor a la verdad histórica y como un recuerdo de gratitud a la
que es madre Patria, no en preciosos versos, sino en la realidad de la
prosa”
Extraído de LA TRADICIÓN, revista del
P. Hervé Le Lay .- nº 59 Marzo-abril
1963
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| Isabel la Católica Reina de España y Madre de América |
Granada-Tumbas de Isabel y Fernando y su hija Juana y D. Felipe (el Hermoso)
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| Catedral de Sevilla-Panteón. Monumento a COLÓN |
| Y a ellos qué les espera. Qué les dejamos. |
El Hogar, Octubre 1934- Buenos Aires
Súplica, por nosotros y por ellos, los niños
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| Reverso estampa Reina Isabel |
Donde está en negrita es una cita, resaltación del texto o una interrogación.
San Miguel Arcángel defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la malignidad y las insidias del demonio. ¡Reprímale Dios! Pedimos suplicantes. Y tú príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
AMÉN
















