
de nuestra tradicional Revista BILLIKEN- Año 1956
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| Virgen Protec tora de los navegantes |
Estatua de Cristóbal Colón en sus primeros tiempos

La Estatua que forma parte del Monumento- Esculpida en m{armol de Carrara-

La Estatua que forma parte del Monumento- Esculpida en m{armol de Carrara-
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| Vista aérea del Monumento en el Parque Colón, detrás de la Casa Rosada.- Buenos Aires - Inaugurada en 1921 |
Tiempos de HerejíaOraciónNot
LA CULTURA ESPAÑOLA Y
LA CONQUISTA DE AMÉRICA
Juan P. Ramos
LA CONQUISTA DE AMÉRICA
Juan P. Ramos
La leyenda negra de España la escribieron los enemigos que la temían por su grandeza, la odiaban por su esplendor, la mancillaban por la pureza de su fe, la perseguían por tener la mejor literatura, los santos más universales, los héroes más invencibles, las empresas más prodigiosas, el idioma más señorial, el imperio más vasto que haya nacido bajo el sol que nunca se ponía en los dominios de su rey.
En tierras de lengua
castellana, el día de la raza debe tener la significación de un símbolo de la
gloria española. América es España en cuerpo y espíritu inmortal, aunque no sea
español todo el continente. Un 12 de octubre despierta en el alma, con su solo
nombre, la aventura increíble de las tres carabelas que descubrieron un mundo
bajo el pendón de la cruz de Castilla. Todo lo que vino, tras los pasos de
España, a tierras de América, por grande que baya sido en aventura portuguesa,
francesa, holandesa o inglesa, no hace más que enaltecer la significación de
aquel día en que España redondea, por primera vez, el ámbito de la humanidad.
Es el comienzo de
una nueva historia. Es el alba de una civilización universal. Es el
cumplimiento de la orden que dio la palabra evangélica de Nuestro Señor
Jesucristo a la fe de sus Apóstoles. España aparece aquel día como el anticipo
de un designio sobrenatural. Era la única nación de Europa que no había
traspuesto sus fronteras, en guerras con las demás, porque llevaba siete siglos
librando su cruzada de la reconquista, desde Covadonga hasta Granada. No era
siquiera una nación, sino, por el azar de un casamiento, una unión temporal
entre un rey de Aragón y una reina de Castilla. Parece vivir ajena a la
frenética conmoción del siglo XVI en que cada pueblo arde en contiendas
dinásticas, hegemonías políticas, problemas de cultura, ambiciones comerciales.
Entre tantos ruidosos protagonistas de la historia, España era apenas un
nombre. Su destino natural debía circunscribirse dentro de sus fronteras. De
repente, vencido el último rey moro, sus naves igualan y exceden la grandeza
descubridora de Portugal, en una empresa que coloca a España en la cúspide
imperial de la historia del mundo.
No era un azar del
destino. Dios había puesto en el alma de Portugal y España, aislados por el
Pirineo y el mar, un destino imperial semejante, que abarca, en el acto, la
inmensidad de la tierra. El de España consistió en traer a América el esfuerzo
poblador más vasto y de aspiración más alta que haya tenido hasta hoy el
hombre.
Yo sé que estoy
diciendo palabras que han de herir prejuicios de mucha gente. No importa.
España, por haber sido tan grande, tan desmesurada en cuanto pensó, soñó y
ambicionó, tuvo también, para ser grande hasta en eso, la suerte de merecer que
el odio de sus enemigos la cubriera de un manto de ignominias. Para millones de
gentes, España es el monstruo de la historia. Tiranizó los pueblos. Persiguió a
la cultura. Suprimió toda libertad humana. Fué fanática, cruel, implacable,
orgullosa, sanguinaria, anárquica, despótica. Permanentemente ardían en sus
ciudades hogueras donde morían a montones las víctimas de la Inquisición. Sus
ejércitos eran el azote de la humanidad. Sus conquistadores sacrificaban a la
sed del oro los indios de América en trabajos atroces. Sus misioneros
religiosos eran tan duros como sus soldados. La civilización moderna no debe a
España un solo beneficio. En los cien años de su hegemonía universal llegó a
ser el símbolo de la tiranía, el fanatismo, la intolerancia, la dominación
brutal del hombre por el hombre. La desgracia del mundo fue que América llegara
a ser descubierta y poblada por la raza española.
Esta es la leyenda
negra de España. La escribieron los enemigos que la temían por su grandeza, la
odiaban por su esplendor, la mancillaban por la pureza de su fe, la perseguían
por tener la mejor literatura, los santos más universales, los héroes más
invencibles, las empresas más prodigiosas, el idioma más señorial, el imperio
más vasto que haya nacido bajo el sol que nunca se ponía en los dominios de su
rey. Todos los cismáticos de Roma se ensañaron contra España, todos los
ambiciosos de Europa, todos los piratas de la tierra y del mar también, porque
España era, en el turbulento siglo XVI, un muro de contención de las fuerzas
del mal, que se desataban en la agonía de la Edad Media, dando paso a la aurora
roja del Renacimiento.
La conquista de
América fue el resplandeciente destino encomendado por la voluntad de Dios a la
raza española. España lo cumplió con fortaleza de heroísmo y con alma de
santidad. El héroe de España fue el que todas las lenguas llaman "el
Conquistador". La tierra de España los creó a montones. Todos tuvieron una
increíble y magnífica grandeza que el mundo no había conocido, hasta entonces,
fuera de España, y que jamás conoció después. Para no repetir elogios de
españoles traduciré una frase de un reciente historiador norteamericano, Erna
Ferguson, en el prefacio de un libro publicado en 1938 sobre The adventure of
don Francisco Vázquez de Coronado. Dice así: "Nosotros nos imaginamos
que el conquistador español iba en busca del oro, como lo hicieron los hombres
de todos los tiempos. Sin embargo, él se inspiraba, también, en el deseo de
extender los beneficios del cristianismo a los más remotos confines de la
tierra. Este impulso misionero fue en gran parte lo que motivó, al fortificar
su alto valor personal, su atributo de ser invencible. Por diferentes que sean
los tiempos, los hombres valientes son idénticos en todo, pero, nunca hubo
empresa más valiente que la expedición llevada por Coronado, desde Compostela,
en la región tropical de Méjico, hasta las praderas de Kansas". Tiene
razón el escritor norteamericano, pero sólo a medias. Hubo en la América
española tantas empresas increíbles y magníficas como conquistadores que las
emprendieran. Bastaría citar, nada más, desde el punto de vista argentino, que
la entrada de la gente de Diego de Rojas desde el Cuzco hasta las márgenes
meridionales del Paraná en Santa Fe. El conquistador español era, como lo llamó
Leopoldo Lugones, "el transeúnte del mundo". Para él no había
distancias, cordilleras, calores de horno ni mesetas heladas. La América
inconmensurable y hostil jamás pudo oponer nada inaccesible a su planta
vencedora. Sembró de ciudades y rutas los millones de kilómetros que caben
desde el centro de los Estados Unidos hasta el Sur de Chile.
La santidad de
España se revela en su propósito civilizador, donde brilla, con evidencia
irrefutable, el resplandeciente designio de la conquista. Para demostrarlo
mejor, comenzaré con dos anécdotas que figuran en las historias
norteamericanas. El Dr. James Blair pidió a Mr. Seymour, Procurador General de
la Corona, la fundación de un "College" cuyos alumnos, que serían
después ministros del Evangelio, salvaran las almas en esa región de Virginia,
emporio de los plantadores de tabaco. El Procurador General le respondió con
estas indignadas palabras: "que el diablo se lleve vuestras almas.
Sembrad tabaco". Esto sucedía más o menos en 1690, cuando hacía más de
ciento treinta años que existían las universidades españolas de Méjico y el
Perú. Veinte años antes de la airada contestación de Mr. Seymour, la gente de
Maryland, que carecía de escuelas, cuando en Méjico hasta los indios sabían
leer y escribir, pidió al gobernador Mr. William Berkeley que fundara una.
Berkeley les contestó: "Gracias a Dios que no hay escuelas ni imprenta,
y espero que no las tendremos ni en cien años, porque la instrucción ha traído
al mundo la desobediencia, herejías y sectas, en tanto que la imprenta las ha
divulgado en libelos contra el buen gobierno. Que Dios nos libre de una y otra
cosa".
Si estas frases se
hubieran proferido por boca de gobernantes españoles, la leyenda negra las
habría estampado en enormes mayúsculas injuriosas sobre la barbarie que trajo
España a la América que conquistó. Sin embargo, nada más evidente que el
espíritu cristiano de civilización que inspiró el pensamiento de España en el
gobierno de las Indias. Para no afirmarlo yo, os daré una opinión
norteamericana. El historiador Lesley Bird Simpson, dando una conferencia en la
universidad de California, respecto al ideal inspirador de España en la
colonización de sus provincias de América, dijo que consistió "en
hacer del Nuevo Mundo una verdadera Ciudad de Dios". Agrega luego
en forma de explicación: "Nadie se atrevería a sostener que la
conquista española, como todas las conquistas, no tuvo sus brutalidades, y que
su experimento sociológico no fue generalmente mal pensado y hecho al azar;
pero, sin rumbo, seguramente no lo fue". Es una frase acertada y
cabal. Los hombres de España se equivocaron frecuentemente en la obra humana y
falible de abarcar, a través del océano, a un mismo tiempo, la fundación de
ciudades, los cultivos agrícolas, la riqueza minera, el establecimiento de industrias,
el transporte de animales y plantas, la instalación de puertos y astilleros, la
cristianización del indio, la organización de la justicia, los controles
administrativos, las misiones religiosas, las entradas de descubrimiento, la
creación de escuelas, colegios y universidades. La prueba es que ya existen, al
comenzar el 1600, las ciudades costeras y mediterráneas que son hoy orgullo de
nuestra grandeza, y que tres de ellas tenían iglesias, universidades, palacios
y hospitales. Mas todo esto era tan inconmensurablemente vasto en los ámbitos
de lo material y lo espiritual, que no hubo error que no se haya cometido, y
que no se justifique, también, con los miles de empresas y fundaciones en las
que no hubo error alguno.
Abrid un mapa de
América, a mediados del siglo XVIII. Hallaréis en el Norte una estrecha faja de
costas donde aparecen, junto al mar, trece colonias inglesas. Cabrían juntas,
sobrando espacio, en América central. Al Norte, Oeste y Sud de ellas hallaréis
un inmenso territorio francés que une el Canadá actual, con gran parte de los
Estados Unidos, hasta el golfo de Méjico. Francia lo perdió más tarde porque
sus gobiernos no tuvieron la comprensión inglesa o española del valor de aquel
imperio ultramarino. Por eso nunca llegó a tener importancia cultural la
experiencia pobladora de Cartier, Champlain, Cavelier de la Salle, el Padre
Marquete. El resto del continente es español o portugués. Sólo España explora y
puebla lo suyo con rapidez asombrosa. Parece exceder los posibles humanos cuando
uno considera el tiempo, la distancia, los medios empleados y las dificultades
resueltas. Se juntaron, para lograrlo, heroísmo en la conquista y santidad en
la colonización.
En las provincias
americanas de España hubo esclavos negros, y en las colonias inglesas, también.
En las españolas jamás se vendieron esclavos blancos, como en las inglesas,
donde muchas veces llegaron barcos como uno de 1652, trayendo una fragua,
utensilios domésticos y prisioneros escoceses, que fueron vendidos a los
colonos "como los caballos en las ferias", según dice textualmente la
Crónica de Suffolk. Era un hecho muy repetido. Cualquiera puede comprobarlo en
historias inglesas y norteamericanas. Se enviaron de Inglaterra a América, como
esclavos, no sólo los prisioneros escoceses, sino también los realistas de
Carlos 1° vencidos en la batalla de Worcester, como igualmente multitud de
católicos irlandeses, que fueron vendidos en las colonias del Norte y las islas
del mar Caribe, en beneficio de personajes influyentes.
España, en cambio,
ni siquiera esclavizó al indio. Quien lo dude lea, por ejemplo, los Studies in
the adminisiration of the in New Spain del ya citado Lesley Bird Simpson o la
obra del historiador mejicano Silvio Zabala, Fuentes para la historia del
trabajo en Nueva España, donde podrá aprender que España, con todos sus
errores, hizo cuanto pudo para mejorar la situación del indígena. Lesley
Bird Simpson, en su conferencia de California, dice sobre el repartimiento del
trabajo, que fue "invención, notable en su ingeniosidad, por la cual
los indios, sin sacrificar su natural libertad, podían ser forzados a aceptar
las obligaciones del ciudadano, en este caso el trabajo". Nadie que
conozca, aunque sea superficialmente, la historia de América entera, podrá
reprochar a España un ápice más de lo que hicieron durante la administración
inglesa, francesa, portuguesa u holandesa en sus propias colonias americanas. Y
para demostrarlo mejor al más ciego o torpe enemigo de España, basta la obra de
legislación, orgullo del ser humano, que se llama las Leyes de Indias.
Cuando, a mediados
del siglo XVI, muchas grandes ciudades de Europa carecen de universidad, España
funda una en Méjico, en 1551, que comienza a funcionar en 1553 con tres
facultades, creándose poco después la de medicina, con cátedras de anatomía y
patología. El mismo 1551 se funda otra en la ciudad de Lima, que comienza a
funcionar en 1555, y lleva todavía hoy el nombre de San Marcos. Ambas tienen
los mismos privilegios y sistemas del famoso modelo de Salamanca, que era una
de las mejores de Europa. Antes ya había existido otra, desde 1538, en Santo
Domingo, donde tuvo una vida efímera por razones de medio. Se establecieron
otras después en Cuzco y Huamanga en el Perú, Córdoba de la Argentina en 1613,
Bogotá en 1623, y Santiago de Chile, sin contar la de Charcas, donde cursaban
sus estudios superiores los argentinos de entonces. En 1575 se estableció en la
universidad de Lima una cátedra de lengua quichua para que los predicadores
pudieran enseñar a los indios de América meridional, en sus misiones
doctrinales, los dogmas de la fe, propagando por todas partes, al mismo tiempo,
el conocimiento de la antigua lengua de los incas. Además, toda ciudad recién
fundada abre pronto su escuela, donde educan dominicos, franciscanos, agustinos,
jesuitas o maestros particulares. Buenos Aires, que Juan de Garay vuelve a
fundar en 1580, tiene ya la suya en 1605, cuando todavía no existen colonias
inglesas, que tardarán, una vez pobladas, muchos años más que la naciente
Buenos Aires española, en tener su escuelita de primeras letras. A pesar de
ello se afirma que España mantuvo a sus dominios americanos en completa
ignorancia, enseñando nada más que a rezar y a obedecer.
Méjico, como ya
dije, funda una facultad de medicina en 1560, en tanto que Nueva York da sus
primeros títulos de médico en 1769, casi 220 años después. En Lima y Méjico se
enseña anatomía y patología a mediados del siglo XVI, en la medida de lo
posible, y esto sólo se hace a fines del siglo XVIII en los centros docentes norteamericanos,
los cuales, además, no obstante sus dos siglos de atraso en la fundación, no
estaban en condiciones mucho más favorables. Oíd estas palabras del historiador
norteamericano Mac Master: "Se marcaba con piedra blanca el día en que
el joven estudiante disfrutaba de la rara fortuna de disecar un brazo
semipútrido o de examinar los pulmones o el corazón de un cuerpo humano. Tan
grande era la dificultad de procurarse piezas anatómicas, que aun en la escuela
de medicina abierta en el Colegio de Harvard, un solo cadáver servía para todo
el curso. No se le obtenía sino robando sepulturas o solicitando del gobernador
los cuerpos de los criminales. Lo más común era la profanación de tumbas de
negros y forasteros".
Los hijos de los
españoles, pues, cuando querían cursar estudios liberales o adquirir otros
conocimientos, se educaban, desde antes de 1550, en los institutos
eclesiásticos superiores que sirvieron de base, una vez creadas, a las
universidades de Méjico y Lima. Siguen funcionando hasta el siglo XIX en las
principales ciudades de los virreinatos e intendencias. Algunos de ellos llegan
a tal altura científica que, nada menos que el Barón de Humboldt, ha podido
escribir estas palabras, que cito por la autoridad universal del gran sabio que
honró a su tiempo con su ciencia y su vasta cultura: "Los principios de la
nueva química, que en las colonias españolas llevan el nombre, hasta cierto
punto equívoco, de Nueva Filosofía, están más generalizados en Méjico que en
muchos lugares de la península. Un viajero europeo se sorprendería sin duda al
encontrar en el interior del país, en los confines de la California, jóvenes
mejicanos que razonan sobre la descomposición del agua durante el proceso de la
amalgamación al aire libre. La Escuela de Minas posee un laboratorio de
química, una colección geológica arreglada según el sistema de Werner, un
gabinete de física en el que no sólo hay instrumentos magníficos de Ramsdem, de
Adams, de Lenoir y de Louis Berthoud, sino modelos ejecutados en esta misma
capital con la mayor precisión y con las maderas más preciosas del país".
Esto es lo que dice Humboldt de Méjico, región vecina a las colonias inglesas
del Norte. ¿Cómo eran los institutos superiores de educación en éstas, en esos
mismos tiempos? Oigamos lo que dice de ellos una famosa obra norteamericana de
hace 50 años, editada por L. P. Brockett: "Los institutos superiores de
las colonias, lo mismo que las escuelas que les servían de eslabón
preparatorio, eran substancialmente instituciones eclesiásticas, siendo sus alumnos
el elemento con el cual se reforzaba la clase de los clérigos".
Se afirma, también,
que las puertas de América estuvieron cerradas a la literatura extranjera por
el fanatismo español, que mantenía a sus colonias en la ignorancia de lo que
acontecía en la vida del mundo y en el mundo de las ideas. Es un grosero
disparate. Olvida, nada menos, de donde sacaron lo que sabían los americanos
que emanciparon América de España. En centenares de bibliotecas, desde Méjico
hasta el Plata, ya fueran de sacerdotes o vecinos acaudalados, había abundancia
de libros clásicos, teológicos, de filosofía moderna y política revolucionaria
francesa. Todos hemos leído, en pobres manuales de polémica palabrera, que se
prohibía la lectura en España y la introducción en América del Contrato social
de Rousseau. Lo atribuyen, naturalmente, al obscurantismo español. Pero
olvidan, o no saben, que en 1762, cuando se publicó, los tribunales de París lo
mandan quemar por mano del verdugo, y que Ginebra, la ciudad calvinista y
anticatólica, patria de Rousseau, lo manda quemar, también, junto con el
Emilio, su gran obra educativa. En toda Europa sucedía lo mismo en quellos
tiempos. No sólo se quemaban los libros en París sino los autores mismos, a
veces, por publicar obras licenciosas. Ningún libro católico hallaba buena
acogida en las regiones protestantes de Alemania, ni en Inglaterra y sus
colonias ultramarinas. Lo mismo se hacía con los libros protestantes en las
naciones católicas. España no podía ser, pues, una excepción a la regla común.
Por eso prohibía la introducción de ciertos libros en América, pero los libros
llegaban a todas partes por la vía del contrabando o de la tolerancia de los
funcionarios. A comienzos del siglo XIX, tal vez había en las bibliotecas de
nuestros abuelos más libros científicos o de política revolucionaria francesa,
que los que guardaban en las suyas los hombres ilustrados de Francia. En
ninguna faltó El espíritu de las leyes, Las cartas persas, El contrato social,
medio Voltaire o Rousseau, ni tampoco la violenta Historia filosófica y
política de los establecimientos y del comercio de los europeos en las Indias,
del abate Raynal, que era una diatriba de odio contra España y todo lo español,
leída, comentada y admirada por criollos y españoles que la tenían como libro
de cabecera. El día en que un José Torre Revello, con su completa erudición,
escribía sobre la cultura de Hispano América, en tiempos de la colonia, un
libro como el reciente suyo El libro, la imprenta y el periodismo en América
durante la dominación española, que es un extraordinario acopio de
documentación, los que creen a ciegas en el prejuicio antiespañol comprobarán,
con asombro, que no pudo salir de una cárcel de fanatismo y oscuridad tanto
nombre famoso en aquellos tiempos por su saber, sus obras y su cultura, sin que
su inteligencia hubiera podido nutrirse, de un modo esencial y metódico, en los
libros y en los institutos que abundaron en el continente entero mientras
España gobernó a sus provincias de América. España nunca les negó nada que no
hubiera comenzado a negarse a sí misma antes.
Muy pocos libros de
historia americana dejan de esgrimir contra España, como principio inconcuso,
que estableció el monopolio del comercio en beneficio de los españoles de
España y en perjuicio de los territorios de América. El hecho es cierto, pero
España, como metrópoli europea de un imperio colonial lejano, no es la única
culpable en aquellos siglos. Lo mismo establecieron en sus colonias americanas
los famosos gobernantes franceses que se llamaron Enrique IV, Richelieu y
Colbert, a quienes nadie niega grandeza o claridad en los propósitos, con el
agravante de que conceden el beneficio del monopolio en provecho de un
particular como de Monts o Cavelier de la Salle. También los holandeses imponen
la ley del monopolio absoluto contra ingleses, franceses y españoles. Leed lo
que dijeron los americanos del Norte cuando se alzaron contra la dominación de
Londres, a raíz de la ley del timbre. Buscad las leyes de navegación y
comercio, que están en cualquier manual de historia. De acuerdo con ellas,
todos los artículos, procedentes de cualquier país, sólo podía ser llevados a
Inglaterra, y de ésta a sus colonias, por compañías de mercaderes ingleses.
Para que un artículo europeo fuera recibido en Boston tenía que llegar en barco
de propiedad inglesa. Ninguna colonia podía exportar nada sino bajo bandera
inglesa y por la vía de Inglaterra. Añil, maderas, pieles, tabaco, arroz,
azúcar, algodón, debía ser remitido a Inglaterra para ser vendido. Dentro de
las colonias regían restricciones peores. Por ley de 1699 se prohibe cargar
lana de una colonia a otra o al exterior, en buque, carro o lomo de animal. Los
industriales de Connecticut, que manufacturaban géneros, no podían mandarlos a
Albany y Massachussets, para que en estas colonias los indios tuvieran que
comprar, a mayor precio, los paños ingleses. En las provincias españolas de
América nunca existió este monopolio interno. En cambio, el de la navegación y
comercio por mar era, lo mismo que el inglés, francés, holandés y portugués en
sus propias colonias, nada más que la consecuencia de un estado económico y
social que abarcaba a todas las naciones europeas en su industria y su
comercio. Lo que era un mal de todos, si es que era un mal, pues el monopolio
de la navegación y del transporte fue una defensa contra el pirata, el
corsario, el enemigo y el contrabandista, no puede ser imputado únicamente a
España, como si fuera el chivo emisario de los pecados del mundo.
Veinte veces
habréis leído que la lacra de la colonización española fue la introducción de
los esclavos negros. Los mismos que lo afirman ignoran, o quieren decirlo, que
desde 1713, por un asiento con España, Inglaterra proveyó a las colonias
francesas, portuguesas y españolas los negros que necesitaban, cuyo número,
según Bancroft, alcanzó a más de tres millones, sin contar los centenares de
miles que murieron en las sentinas de los barcos, abarrotados de doliente
mercadería humana. La reina Ana llegó a alabarse, en el Parlamento de Londres,
de haber descubierto en África, con sus naves, nuevos mercados de este tráfico
que llegó a ser como entonces se dijo, "la columna, la base principal y
el mejor auxilio del comercio de Inglaterra". El "comercio del
ébano", como se lo llamaba con delicado eufemismo, duró hasta el siglo
XIX. Hay historiadores que duplican, y hasta triplican los tres millones de cálculos
de Bancroft.
Tal vez alguien
encuentre en estos datos, que aquí traigo, la expresión de argumentos contra la
colonización inglesa en tierras americanas. No sería difícil. Vivimos en
tiempos intolerantes que todo lo dicen en bloque macizo de palabras. Yo no
concibo que el ser humano pueda obrar así. Todo hombre, como todo pueblo, tiene
cosas buenas y cosas malas. Sólo los santos son perfectos, pero por la gracia
de Dios. Y no hay pueblos de santos, ni pueblos de réprobos, tampoco. Yo hablo
aquí en justificación de España, no en contra de nadie. Por ser la tierra de
mis abuelos, cuya historia, desde el esplendor romano, es mía también, amo a
España, cuya cultura de gran nación, imitada en modas, costumbres, lenguaje,
pensamiento y literatura por toda Europa, hasta 1650 por lo menos, resplandece
en la conquista de América como la mayor empresa civilizadora de todos los
tiempos. Buscad otra más grande que España, y no la hallaréis. Lo que en España
es malo, es común a las naciones que conviven con ella. Lo que España tiene de
grande, rico y prodigiosamente fecundo en su alma, es exclusivamente suyo, pues
jamás lo tuvo nadie sino ella. Es el atributo español de obrar siempre en
desmesura, por la vía del heroísmo y por la vía de la santidad, que siempre
fueron, en la historia del hombre, la cúspide de toda grandeza. Amontonad en la
conquista americana los mil errores que cometieron, en trescientos años, los
individuos que aquí mandó. Todos ellos juntos no compensan los bienes que
España trajo a nuestro continente. Aunque los olvidemos o los neguemos, vivirán
en nosotros bata el fin de los siglos. Es una tradición de grandeza que vale
más, en su falta de valor utilitario, que muchas cosas materiales tras las
cuales fueron muchos pueblos en el último siglo.
Llegado al fin de
mi conferencia, quiero resumirla en opiniones de escritores modernos de habla
inglesa. De este modo nadie dirá que exageré en lo que dije sobre la proyección
de la cultura española en la conquista de América.
Oíd, en primer
lugar, a Mr. Lummis en Spanish Pioneers: "España, cuando pobló las
Américas, las pobló y civilizó en poco más de cien años de incesante
exploración y conquista. Tenía en el Nuevo Mundo centenares de ciudades que
distaban unas de otras miles de millas, a las que dotó de todas las ventajas de
la civilización del tiempo, y además otras dos. San Agustín y San Gabriel de
los Españoles, en lo que hoy son los Estados Unidos, donde sus hijos penetraron
en veinte de sus estados actuales. Francia había hecho unas pocas expediciones
superficiales que no produjeron ningún fruto substancial, en tanto que Portugal
sólo había fundado unas pocas ciudades de escasa importancia en Sud América.
Inglaterra se había pasado ese siglo en señorial inactividad, y en él no hubo
ni una cabaña inglesa ni un inglés entre el Cabo de Hornos y el Polo Norte".
Escuchad ahora lo
que dice el Profesor inglés E. Allison Peers en su hermoso libro reciente Our
debt to Spain: "Educación universitaria, interés en los descubrimientos
científicos, producción de libros, actividad histórica, desarrollo del teatro,
continuaron sin interrumpirse desde el comienzo del renacimiento español hasta
casi el fin de su siglo de oro. Y era natural que estos intereses intelectuales
fueran transportados al Nuevo Mundo, aunque, quizá, la firmeza y la forma cabal
en que se hizo, asombre, todavía hoy, a los que están en mejores condiciones
para comprenderlo. Las primeras escuelas, para los niños de los colonos
españoles, se establecieron en 1524 por un franciscano flamenco, Pedro de
Gante, al servicio de España. Recordando que en las primeras expediciones no
vinieron mujeres ni niños, esto representa la obra de treinta años escasos.
Gante mantuvo su escuela casi medio siglo, y enseñaba no sólo a leer, escribir
y a conocer el catecismo, sino también música, dibujo, pintura, escultura y
varios oficios". Allison Peers no podía dejar de recordar,
naturalmente, que la primera imprenta se estableció en Méjico un siglo antes
que la primera imprenta inglesa de América, y que todavía hoy existen libros
españoles impresos en América en 1539. Finalmente, traduciré un corto párrafo
de una obra de Mr. E. G. Bourne, Spain in America. Después de poner de resalto
que las primeras universidades españolas son casi cien años más antiguas que
las de origen inglés, agrega estas palabras, que complementan gráficamente lo
que traté de demostrar en mi discurso: "no es aventurado decir que, en
número, extensión de los estudios y altura de los conocimientos en sus
profesores, las universidades españolas sobrepasaron todo lo que existió en la
América inglesa hasta el siglo XIX".
Con esta frase, que
no fue escrita por autor de sangre española, puedo terminar mi homenaje a
España, en este día, sin temor que se me tache de exagerado y parcial. Si lo
soy, estoy en la buena compañía de los mayores historiadores ingleses y
norteamericanos de estos tiempos. Buscad mañana, en cambio, lo que dicen,
famosos libros argentinos, sobre la ignorancia y fanatismo con que España
agobió la cultura exigua de sus colonias miserables, y pensad, después, que en
la última frase traducida, nos dice un historiador de habla inglesa, que sólo
en pleno siglo XIX las universidades de las colonias inglesas del Norte
alcanzaron a ser lo que eran, doscientos años atrás, las universidades de las
atrasadas, sacrificadas y maltratadas colonias españolas.
¿No basta esto sólo
para agradecer a España, en este Nuevo Mundo, la sangre que nos dio, la
tradición con que nos enriqueció el alma, la cultura magnífica, una de las más
altas y recias de Europa, con que educó a los hijos de sus conquistadores y
colonos hasta el día en que una guerra civil emancipó a hombres hechos y
derechos que no olvidaron, como nosotros, que España, madre amantísima, les
había dado lo mejor de su cuerpo material y de su espíritu inmortal? Así lo
comprenden y agradecen los miembros del Consorcio de médicos católicos de
Buenos Aires, que me hicieron el honor de pedirme esta conferencia.
Dios quiera que yo
haya podido cumplir su propósito. No vine a traeros, señores, un himno en prosa
lírica sobre la grandeza resplandeciente de España, sino argumentos ceñidos a
la necesidad de acabar con la leyenda que mancilló la historia y la gloria de
España. España es nuestra por ser la madre, y porque seremos de cepa española
por los siglos de los siglos. Los pueblos nacen con un destino en los designios
de Dios. El nuestro, aunque cien razas hayan venido a fundirse en la sangre que
España trajo a América para el bien del mundo, nunca podrá ser otro que el de
enaltecer, siendo siempre enérgicamente americanos, la grande, noble, heroica,
pura y santa herencia que recibimos de los abuelos españoles, por la gracia de
Dios. Es herencia de lengua y de sangre, encomendada a la posteridad católica
el día que fondearon en una isla del mar Caribe las tres carabelas españolas de
Cristóbal Colón. Por la memoria de aquel 12 de octubre, iniciemos, como retoños
de España, el advenimiento definitivo, auténticamente nuestro, de un nuevo
concepto de la civilización humana, que no se asiente sobre valores económicos
de utilidad y materiales de felicidad industrial, sino sobre el austero
concepto español de que la vida es milicia cuando el hombre cumple, para el
bien común, la voluntad de Dios sobre la tierra, en un permanente propósito de
heroísmo y santidad. Si nuestra vida no es así en los tiempos duros que ya
están llegando, en vano será que América adore al Becerro de Oro, adueñado del
mundo. No olvidemos que América nació a la vida, que es milicia, bajo la
protección de los brazos de una Cruz castellana en tres naves españolas.
Seamos, como España, espada que defiende a la Cruz, y Cruz que ampara a la
espada solamente cuando una mano limpia y libre la pone al servicio de un ideal
de justicia ecuménica dentro de un Nuevo Orden, con fundamento moral, cuyas
bases eternas promulgó Su Santidad Pío XII, en sus cinco puntos de diciembre de
1941, para que la verdad, el derecho y el bien existan alguna vez en el mundo,
espiritualizados en el amor de Dios y no en los intereses transeúntes del
hombre.
12 de Octubre de
1942- Autor : Juan Pedro Ramos. Jurisconsulto, Profesor, Escritor. N. 21.8.1878 - F. 15.12.1959
Tomado de revista
Sol y Luna, N° 9, 1949
(1)
Leída en el acto organizado por el Consorcio de Médicos Católicos de
Buenos Aires, en celebración del Día de la Raza. ( de Católicos Alerta). Juan Pedro Ramos
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¡Y SIGAN LOS ULTRAJES A LOS ARGENTINOS!!!!
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¡Y SIGAN LOS ULTRAJES A LOS ARGENTINOS!!!!
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| Su construcción fue impulsada por un próspero inmigrante italiano, Antonio Devoto, como obsequio de la colectividad de ese país a la República Argentina en el Centenario de la Revolución de Mayo. |
El monumento
a Cristóbal Colón se encuentra situado en la ciudad de Buenos Aires, frente sobre la costa
del Río de La Plata, a la altura del Aeroparque Jorge Newbery en elespigón Puerto Argentino. Hasta junio de
2013 se localizaba en el Parque Colón, entre la Casa Rosada y
la circular Avenida de la Rábida.
Su construcción
fue impulsada por un próspero inmigrante italiano, Antonio Devoto,
como obsequio de la colectividad de ese país a la República Argentina en
el Centenario de la Revolución de Mayo.
Obra del
escultor italiano Arnaldo Zocchi, la piedra
fundamental se colocó el 24 de mayo de 1910 y fue inaugurada en 1921.
El peso total
del monumento es de 623 toneladas y su altura de 26 metros. La columna central
está hecha en un solo bloque y sostiene la estatua de Cristóbal Colón, de 38 toneladas de peso y 6,25
metros de altura, esculpida en el famoso mármol de Carrara.
La totalidad del
monumento fue realizada en Italia y fue desarmado para transportarlo hasta
Buenos Aires donde el propio Zocchi se encargó de dirigir la obra de montaje.
En su base hay
grupos escultóricos inspirados en los versos de Medea, la obra de Sófocles,
que representan a “La Ciencia”, “El Genio”, “El Océano” y “La Civilización”.
Hay además imágenes relacionadas con la vida de Colón junto a unas alegorías
que representan “La Fe” y “El Porvenir”. Una puerta en su base lleva hacia una
habitación circular que iba a albergar un museo dedicado al navegante pero que
nunca se realizó (desde Italia había llegado una piedra de la casa natal y una
parte de columna romana para que formaran parte del mismo).
En su superficie
conserva huellas de los proyectiles disparados durante al bombardeo a la Plaza de Mayo de 1955.
En los cimientos del monumento se tenía pensado abrir un museo que se dedicaría
a la vida del colonizador. De Italia había llegado una piedra de la casa natal
y una parte de columna romana. El fragmento de la columna aún existe, pero el
ladrillo de la casa desapareció.
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| Obra del escultor italiano Arnaldo Zocchi, la piedra fundamental se colocó el 24 de mayo de 1910 y fue inaugurada en 1921. Todo el Monumento se realizó en Italia. |
PARTE DEL PEDESTAL DESARMADO
TRAS DOS AÑOS DE ESTAR TIRADO DETRÁS MISMO DE LA CASA ROSADA OTRA ESPERA MÁS LARGA LE ESPERABA EN LA COSTANERA.
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| Este traslado costará, sin contar los trabajos de emplazamiento, unos 25 millones de pesos. (a nuestros bolsillos) |
Denuncian que
la estatua de Colón tiene daños irreparables
Permaneció más de dos años recostada sobre una tarima de
madera y se usaron productos no convenientes para su restauración. por Claudio
Corsalini (Internet)
A una semana
de la inauguración oficial de la estatua
de Juana Azurduy, que se colocó en el lugar de donde fue removido
el monumento a Cristóbal Colón, detrás de la Casa Rosada, la figura del marino
genovés aún permanece en la Plaza España a la espera de ser
trasladada a su nuevo emplazamiento en Costanera Norte. Esa operación,
sin contar los trabajos de emplazamiento, costará unos 25 millones de
pesos al gobierno nacional.
Y sus
condiciones distan de ser las ideales: tras permanecer
más de dos años recostada sobre una tarima de madera y de la
utilización de productos no convenientes para su restauración, en la figura se
pueden observar papeles pegados, marcas de las eslingas que sujetaban a la
figura cuando fue bajada de su pedestal, además de diferentes manchas en el
dorso.
Eso denuncian los
vecinos agrupados en la ONG Basta de Demoler y Marcelo Magadán, un arquitecto
especialista en restauración de monumentos históricos. “En el ruedo de la capa
y pies de Colón se observan hojas de diario adheridas con un producto que
oscurece la superficie del mármol”, señala Magadán aPERFIL. Según el
experto, es una clara señal de que se habría empleado alguna resina para
consolidar o fijar partes de la obra que alteró la superficie. “Esta situación
también se da en la base de la escultura. En ese lugar, además, se percibe que
la superficie –antes blanca–, está amarillenta. De acuerdo a los
productos empleados, las manchas podrían ser irreversibles”, agrega.
Respecto a las
manchas en el dorso de la estatua, por la ubicación relativa de las mismas,
coincidirían con los puntos donde el mármol estuvo en contacto con los tacos de
madera que sirvieron de apoyo durante casi los dos que permaneció acostada
sobre el piso. “Además había otras, de color naranja, en los brazos, producto
del roce de las eslingas empleadas en los movimientos”, detalla el arquitecto.
Tanto para el
arquitecto como para la ONG Basta de Demoler, que presentó varios amparos para
evitar el traslado de la pieza artística de Zocchi, el desguace del conjunto
escultórico fue “innecesario”. “Se podría haber restaurado sin haberlo
bajado del pedestal donde estaba montado”, asegura el especialista en
monumentos. “Ambos monumentos –el de Azurduy y el de Colón– podrían haber
convivido en el mismo lugar, pero el objetivo de esta costosa operación era
trasladarlo sí o sí”, dice Ana Bas, de Basta de Demoler. (la negrita es mía)
Un paseito por la ciudad que lo ignora. No hubo una guardia de honor que lo acompañara.
Sigue hacia su destino de espera; tiene un aire al Señor de la Paciencia.
Este es su segundo viaje de ignominia, de injusticia; el primero fue en un barco.
El monumento a Colón todavía espera en la
Costanera Norte
Un traslado polémico.
Tras dos años tirado detrás de la
Casa Rosada, sus piezas fueron llevadas a una plazoleta frente al Aeropuerto .
Allí deben realizar la obra para volver a montarlo.
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| Y como estamos en le nueva era de la mentira, con todo caradurismo afirman:Puesta en Valor |
La novela duró casi dos años y el que más “sufrió” fue Colón. Porque con la decisión de Cristina Kirchner de sacarlo de los alrededores de la Casa Rosada, el monumento del navegante genovés (donado por la comunidad italiana en Buenos Aires para el primer centenario de la Revolución de Mayo) primero fue desmontado, luego estuvo largo tiempo “acostado” y finalmente fue desarmado.El acuerdo que por entonces firmaron Nación y Ciudad fue que las partes serían trasladadas a una plazoleta en Costanera Norte frente a Aeroparque y que allí volvería a “estar en pie”.Si bien Colón sigue esperando, la Comisión de Museos, Monumentos y Lugares Históricos de la Nación confirmó que “las piezas están sucias pero en en buen estado”.La titular de la Comisión, Teresa Anchorena, explicó: “La idea es montar el monumento cuanto antes. Ya se terminó la base que como está sobre terrenos ganados al río, es una estructura sólida de 12 metros que realizó la Facultad de Ingeniería de la UBA”.Y aclaró que las “fisuras” halladas en las piezas son antiguas, “anteriores a la mudanza”.
Fuente: clarin.com
Por insólita y tiránica decisión el gobierno osaron trasladarlo al espigón Puerto Argentino de la Costanera Norte frente al Aeropuerto Jorge Newbery. Sigue aún descuartizado y sin tareas de restauración. EL CARTEL DEL ENGAÑO ANUNCIA LA PUESTA EN VALOR.
NO ES DOLOR DE MUELAS NI DE PIES LO QUE SIENTE COLÓN, ES DOLOR EN EL ALMA AL VER CÓMO LO HEMOS ABANDONADO, PORQUE LOS ARGENTINOS ESTAMOS ACHATADOS Y CON SANGRE DE HORCHATA
PERO PARECE QUE HAY VECINOS QUE VELAN POR ÉL, SINO SE HAN CANSADO
HOMENAJES A CRISTÓBAL COLÓN EN OTROS PAÍSES DE AMÉRICA
EN CUBA - MÉJICO - GUATEMALA - PANAMÁ
CIUDAD TRUJILLO- ARGENTINA (ESTABA)- PERÚ-BOLIVIA - COLOMBIA - VENEZUELA - ¿ESTARÁN EN PIE?
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COLÓN REEMPLAZADO POR LA GUERRILLERA
Juana Azurduy es el símbolo de la guerrilla, su gesto es de muerte y de odio. Nada que recuerde a la paz ni a la justicia tan mentadas últimamente
Evo Morales pagó una millonada de dólares por esta estatua, más bien hubiera repartido el dinero entre los pobres que abundan en su país y no sacarle de sus aportes para el gasto.
CONCLUSIÓN:: CON RESPECTO AL CAMBIO DE NOMBRE DEL DÍA DE LA RAZA POR EL DE RESPETO A LA DIVERSIDAD CULTURAL NO HAY QUE ACEPTARLO; NO PODEMOS PERDER NUESTRA IDENTIDAD DE ARGENTINOS. LOS GLOBALIZANTES BUSCAN, Y ESTÁN LOGRANDO ARRASAR, POR LO BAJO, TODAS LAS IDENTIDADES NACIONALES DE OCCIDENTE..LOS QUE NOS GOBIERNAN NO SON ARGENTINOS COMO NOSOTROS PUES PUEDEN HABER NACIDO EN ESTE PAÍS PERO NACIERON EXTRAÑOS, SUS ABUELOS Y PADRES VINIERON CON UN FIN DETERMINADO, NO EL DE ASIMILARSE SINO EL DE
A S I M I L A R N O S. Fueron bien recibidos y bien tratados, se les dio un lugar, se introdujeron en nuestras familias, pero no hubo sinceridad, siguieron con sus planes y en estas estamos.
Como usé el "sangre de horchata" busqué para tener claro este dicho; encontré un corto blog, de un peruano, que nos viene muy bien; de paso sabemos como piensan por otras latitudes.
La Sangre de Horchata
Decidí llamar a
este blogg así, porque es una expresión que desde niño he venido escuchándola y
siempre me causó curiosidad el por qué a algunas personas le atribuyen dicho
calificativo, Sé que en distintos países de Latinoamérica y España tiene
diferentes acepciones. En Perú decirle a alguien que tiene sangre de horchata
es decirle que a esa persona le resbala o le importa poco o nada lo
que le ocurre a su alrededor; que el mundo se le puede caer a sus pies y esa
persona puede seguir impávida frente a la situación reinante.
En Cuba, como
supongo que en otros países del Caribe; esta expresión significa ser una
persona lenta para las cosas o que le toma mucho tiempo tomar decisiones, o que
te da igual cualquier cosa, en síntesis permanecer en estado de inacción.
En otras latitudes
significa el no tener agallas y la carencia de valor para enfrentar las
situaciones que se nos presentan. Buscando en internet, me sorprendió que tener
sangre de horchata puede significar en algunas partes la carencia de
sentimientos, es decir que tanto el amor como el odio le es indiferente a la
persona y que le da igual lo malo o lo bueno, que no es temperamental, que todo
les resbala. Es un dicho muy español cuando alguien es frío temperamentalmente
hablando, no se acalora siendo cerebral y apático.
Ahora que ya
sabemos su significado, explicaré que es la horchata. La horchata es un
refresco natural que se toma en verano muy frío y que se extrae del jugo de las
Chufas (Cyperus Esculentus) o también llamada Juncia Avellanada muy popular en
Valencia, España; Pero también se hace la horchata del Arroz (Oryza Sativa) y
del Atole, exprimidas. (Zea Mays) (Atole: Maíz tierno, Choclo, Mazorca del
Maíz, Jojoto; según la latitud en la que nos encontremos).
Otra cosa
importante que señalaré es acerca de su coloración: La horchata es de color
blanquecino, pálida algo así como la leche cero grasa que venden en los
supermercados y es por eso, creo yo, que al ser tan sosa y desteñida la
picardía popular bautizara a las personas con "sangre de
horchata" con las características descritas líneas arriba; Todo lo
contrario con el color intenso de la sangre que nos corre por las venas,
Después de esta
larga pero necesaria explicación del por qué del nombre de mi Blog y su
asociación con dicho refresco y el calificativo que reciben algunas personas de
"sangre de horchata", no me queda más que decir que: somos
nosotros los llamados a salir de esta inacción en la que pareciera que nuestros
gobernantes, políticos, gente de poder, llámese éstos: medios de comunicación,
empresariado, iglesia, Organismos supranacionales y cuanta organización exista,
tenga la capacidad de querer dirigir nuestro destino a su antojo y a sus
propios intereses, apelando a las fibras más íntimas de nuestro subconsciente
para que queden grabados en nuestro inconsciente. (PROYECCION SUBLIMINAL, ACLARO YO)
El ser permisivos
cuando vemos que los políticos se levantan el país en vilo, robando
descaradamente lo que es de todos nosotros y solo atinamos a protestar sin
obtener ningún resultado, es tener un poco la sangre de horchata; nos marean
con cortinas de humo para distraer nuestra atención (aquí tienen
su parte los grupos que controlan la información) y hasta allí llega
nuestro enojo, Después de todo, el alboroto y barullo pasa en unos días y como
diría la canción de Julio Iglesias "La Vida Sigue Igual".
No sé amigo lector
si a usted le sucede lo mismo que a mí, cuando para mí asombro oigo decir
a más de uno: "No me interesa que, el presidente o el alcalde o el
político que sea, robe, ¿al menos está haciendo obras no?", allí si me
viene a la mente: "...a este sí que la sangre de horchata le corre por el
cien por ciento de sus venas, Es este tipo de personas mi amigo, quién tiene
encallado el cerebro; le vendieron tan bien la idea de que un gobernante no
viene a servir al pueblo sino que viene a servirse del pueblo y del
gobierno y que a manera de dádivas hace una que otra cosa para mantener
contenta a las multitudes. Dicho de una forma más coloquial: le comieron el
coco.
¿Es tan difícil y
una tarea titánica encontrar políticos cien por ciento probos, que
quieran trabajar por el amor a su patria sin ningún fin más que el del
servicio a los demás?.Y esto va para
todas las áreas, organismos, grupos de nuestra sociedad. Hemos aprendido a
tolerar y ser más permisivos con cosas que antes eran escandalosas y que
en el nombre de la modernidad y dizque de la globalización son
normales ahora.
Siento que
continuamente somos vacunados con inyecciones de permisibilidad, que cada día
pensemos menos, que el bombardeo incesante de mensajes cargados con un fin
determinado nunca acaba, y para nuestra mala suerte reflexionemos menos
reduciendo nuestra capacidad de emitir conclusiones propias u opiniones ya que
la información recibida sea del medio que sea (TV, Prensa escrita, Radio,
Internet) ya llegan a nosotros masticados y digeridos previamente para que
simplemente lo traguemos sin saber que estamos deglutiendo.
Podría explayarme
más en otros casos pero sería una tarea inacabable, no seamos personas
inertes con sangre de horchata en nuestras venas, que no nos manejen
nuestro cerebro como en la novela de George Orwell "1984" donde
el "Gran Hermano" todopoderoso, es el encargado de decidir qué
es lo mejor o lo bueno para nosotros;. tenemos sangre en nuestras venas, no
horchata; pensemos, reflexionemos; tomemos acción de nuestra vida y de la vida
que queremos dejarle a nuestros hijos y a las generaciones venideras. Este
espacio es para ti, que como yo piensa que podemos hacer de este mundo un mundo
mejor para todos, con tolerancia hacia nuestros semejantes y hacia lo que nos
rodea.
Afortunadamente y
así lo creo aún hay gente que puede hacer ese cambio, personas que no se
amilanan ante el poder de los grupos de presión y que parafraseando a León
Gieco "solo le piden a Dios que el dolor no les sea indiferente, es un monstruo
grande y pisa fuerte".
Sinceramente y con
aprecio,
José Fernando Orrego Mir (A) Helicobacter Pylori Drosophila Melanogaster.. Peruano.
AVIVEN EL SESO Y DESPIERTEN






















