FALSA HISTORIA CREADA ALREDEDOR DEL DESCUBRIMIENTO Y COLONIZACIÓN
| Mural representando la labor conjunta en la Conquista- El soldado y el sacerdote, ambos por la CRUZ de CRISTO Mural en la Catedral de Tucumán. |
LA CULTURA ESPAÑOLA Y LA CONQUISTA DE AMÉRICA por JUAN P. RAMOS
La leyenda negra de España la escribieron los enemigos que la temían por su grandeza, la odiaban por su esplendor, la mancillaban por la pureza de su fe, la perseguían por tener la mejor literatura, los santos más universales, los héroes más invencibles, las empresas más prodigiosas, el idioma más señorial, el imperio más vasto que haya nacido bajo el sol que nunca se ponía en los dominios de su rey.
La leyenda negra de España la escribieron los enemigos que la temían por su grandeza, la odiaban por su esplendor, la mancillaban por la pureza de su fe, la perseguían por tener la mejor literatura, los santos más universales, los héroes más invencibles, las empresas más prodigiosas, el idioma más señorial, el imperio más vasto que haya nacido bajo el sol que nunca se ponía en los dominios de su rey.
En tierras de lengua castellana, el
día de la raza debe tener la significación de un símbolo de la gloria española.
América es España en cuerpo y espíritu inmortal, aunque no sea español todo el
continente. Un 12 de octubre despierta en el alma, con su solo nombre, la
aventura increíble de las tres carabelas que descubrieron un mundo bajo el
pendón de la cruz de Castilla. Todo lo que vino, tras los pasos de España, a
tierras de América, por grande que baya sido en aventura portuguesa, francesa,
holandesa o inglesa, no hace más que enaltecer la significación de aquel día en
que España redondea, por primera vez, el ámbito de la humanidad.
Es el comienzo de una nueva historia.
Es el alba de una civilización universal. Es el cumplimiento de la orden que dio
la palabra evangélica de Nuestro Señor Jesucristo a la fe de sus Apóstoles.
España aparece aquel día como el anticipo de un designio sobrenatural. Era la
única nación de Europa que no había traspuesto sus fronteras, en guerras con
las demás, porque llevaba siete siglos librando su cruzada de la reconquista,
desde Covadonga hasta Granada. No era siquiera una nación, sino, por el azar de
un casamiento, una unión temporal entre un rey de Aragón y una reina de
Castilla. Parece vivir ajena a la frenética conmoción del siglo XVI en que cada
pueblo arde en contiendas dinásticas, hegemonías políticas, problemas de
cultura, ambiciones comerciales. Entre tantos ruidosos protagonistas de la
historia, España era apenas un nombre. Su destino natural debía circunscribirse
dentro de sus fronteras. De repente, vencido el último rey moro, sus naves
igualan y exceden la grandeza descubridora de Portugal, en una empresa que
coloca a España en la cúspide imperial de la historia del mundo.
No era un azar del destino. Dios
había puesto en el alma de Portugal y España, aislados por el Pirineo y el mar,
un destino imperial semejante, que abarca, en el acto, la inmensidad de la
tierra. El de España consistió en traer a América el esfuerzo poblador más
vasto y de aspiración más alta que haya tenido hasta hoy el hombre.
Yo sé que estoy diciendo palabras que
han de herir prejuicios de mucha gente. No importa. España, por haber sido tan
grande, tan desmesurada en cuanto pensó, soñó y ambicionó, tuvo también, para
ser grande hasta en eso, la suerte de merecer que el odio de sus enemigos la
cubriera de un manto de ignominias. Para millones de gentes, España es el
monstruo de la historia. Tiranizó los pueblos. Persiguió a la cultura. Suprimió
toda libertad humana. Fue fanática, cruel, implacable, orgullosa, sanguinaria,
anárquica, despótica. Permanentemente ardían en sus ciudades hogueras donde
morían a montones las víctimas de la Inquisición. Sus ejércitos eran el azote
de la humanidad. Sus conquistadores sacrificaban a la sed del oro los indios de
América en trabajos atroces. Sus misioneros religiosos eran tan duros como sus
soldados. La civilización moderna no debe a España un solo beneficio. En los
cien años de su hegemonía universal llegó a ser el símbolo de la tiranía, el
fanatismo, la intolerancia, la dominación brutal del hombre por el hombre. La
desgracia del mundo fue que América llegara a ser descubierta y poblada por la
raza española.
Esta es la leyenda negra de España. La escribieron los enemigos que la temían por su
grandeza, la odiaban por su esplendor, la mancillaban por la pureza de su fe,
la perseguían por tener la mejor literatura, los santos más universales, los
héroes más invencibles, las empresas más prodigiosas, el idioma más señorial,
el imperio más vasto que haya nacido bajo el sol que nunca se ponía en los
dominios de su rey. Todos los cismáticos de Roma se ensañaron contra España,
todos los ambiciosos de Europa, todos los piratas de la tierra y del mar
también, porque España era, en el turbulento siglo XVI, un muro de contención
de las fuerzas del mal, que se desataban en la agonía de la Edad Media, dando
paso a la aurora roja del Renacimiento.
La conquista de América fue el
resplandeciente destino encomendado por la voluntad de Dios a la raza española.
España lo cumplió con fortaleza de heroísmo y con alma de santidad. El héroe de
España fue el que todas las lenguas llaman "el Conquistador". La
tierra de España los creó a montones. Todos tuvieron una increíble y magnífica
grandeza que el mundo no había conocido, hasta entonces, fuera de España, y que
jamás conoció después. Para no repetir elogios de españoles traduciré una frase
de un reciente historiador norteamericano, Erna Ferguson, en el prefacio de un
libro publicado en 1938 sobre The adventure of don Francisco Vázquez de
Coronado. Dice así: "Nosotros nos imaginamos que el conquistador
español iba en busca del oro, como lo hicieron los hombres de todos los
tiempos. Sin embargo, él se inspiraba, también, en el deseo de extender los
beneficios del cristianismo a los más remotos confines de la tierra. Este
impulso misionero fue en gran parte lo que motivó, al fortificar su alto valor
personal, su atributo de ser invencible. Por diferentes que sean los tiempos,
los hombres valientes son idénticos en todo, pero, nunca hubo empresa más
valiente que la expedición llevada por Coronado, desde Compostela, en la región
tropical de Méjico, hasta las praderas de Kansas". Tiene razón el
escritor norteamericano, pero sólo a medias. Hubo en la América española tantas
empresas increíbles y magníficas como conquistadores que las emprendieran.
Bastaría citar, nada más, desde el punto de vista argentino, que la entrada de
la gente de Diego de Rojas desde el Cuzco hasta las márgenes meridionales del
Paraná en Santa Fe. El conquistador español era, como lo llamó Leopoldo
Lugones, "el transeúnte del mundo". Para él no había distancias,
cordilleras, calores de horno ni mesetas heladas. La América inconmensurable y
hostil jamás pudo oponer nada inaccesible a su planta vencedora. Sembró de
ciudades y rutas los millones de kilómetros que caben desde el centro de los
Estados Unidos hasta el Sur de Chile.
La santidad de España se revela en su
propósito civilizador, donde brilla, con evidencia irrefragable, el
resplandeciente designio de la conquista. Para demostrarlo mejor, comenzaré con
dos anécdotas que figuran en las historias norteamericanas. El Dr. James Blair
pidió a Mr. Seymour, Procurador General de la Corona, la fundación de un
"College" cuyos alumnos, que serían después ministros del Evangelio,
salvaran las almas en esa región de Virginia, emporio de los plantadores de
tabaco. El Procurador General le respondió con estas indignadas palabras:
"que el diablo se lleve vuestras almas. Sembrad tabaco". Esto
sucedía más o menos en 1690, cuando hacía más de ciento treinta años que
existían las universidades españolas de Méjico y el Perú. Veinte años antes de
la airada contestación de Mr. Seymour, la gente de Maryland, que carecía de
escuelas, cuando en Méjico hasta los indios sabían leer y escribir, pidió al
gobernador Mr. William Berkeley que fundara una. Berkeley les contestó: "Gracias
a Dios que no hay escuelas ni imprenta, y espero que no las tendremos ni en
cien años, porque la instrucción ha traído al mundo la desobediencia, herejías
y sectas, en tanto que la imprenta las ha divulgado en libelos contra el buen
gobierno. Que Dios nos libre de una y otra cosa".
Si estas frases se hubieran proferido
por boca de gobernantes españoles, la leyenda negra las habría estampado en
enormes mayúsculas injuriosas sobre la barbarie que trajo España a la América que
conquistó. Sin embargo, nada más evidente que el espíritu cristiano de
civilización que inspiró el pensamiento de España en el gobierno de las Indias.
Para no afirmarlo yo, os daré una opinión norteamericana. El historiador Lesley
Bird Simpson, dando una conferencia en la universidad de California, respecto
al ideal inspirador de España en la colonización de sus provincias de América,
dijo que consistió "en hacer del Nuevo Mundo una verdadera Ciudad de
Dios". Agrega luego en forma de explicación: "Nadie se
atrevería a sostener que la conquista española, como todas las conquistas, no
tuvo sus brutalidades, y que su experimento sociológico no fue generalmente mal
pensado y hecho al azar; pero, sin rumbo, seguramente no lo fue". Es
una frase acertada y cabal. Los hombres de España se equivocaron frecuentemente
en la obra humana y falible de abarcar, a través del océano, a un mismo tiempo,
la fundación de ciudades, los cultivos agrícolas, la riqueza minera, el
establecimiento de industrias, el transporte de animales y plantas, la
instalación de puertos y astilleros, la cristianización del indio, la
organización de la justicia, los controles administrativos, las misiones
religiosas, las entradas de descubrimiento, la creación de escuelas, colegios y
universidades. La prueba es que ya existen, al comenzar el 1600, las ciudades
costeras y mediterráneas que son hoy orgullo de nuestra grandeza, y que tres de
ellas tenían iglesias, universidades, palacios y hospitales. Mas todo esto era
tan inconmensurablemente vasto en los ámbitos de lo material y lo espiritual,
que no hubo error que no se haya cometido, y que no se justifique, también, con
los miles de empresas y fundaciones en las que no hubo error alguno.
Abrid un mapa de América, a mediados
del siglo XVIII. Hallaréis en el Norte una estrecha faja de costas donde
aparecen, junto al mar, trece colonias inglesas. Cabrían juntas, sobrando
espacio, en América central. Al Norte, Oeste y Sud de ellas hallaréis un
inmenso territorio francés que une el Canadá actual, con gran parte de los
Estados Unidos, hasta el golfo de Méjico. Francia lo perdió más tarde porque
sus gobiernos no tuvieron la comprensión inglesa o española del valor de aquel
imperio ultramarino. Por eso nunca llegó a tener importancia cultural la
experiencia pobladora de Cartier, Champlain, Cavelier de la Salle, el Padre
Marquete. El resto del continente es español o portugués. Sólo España explora y
puebla lo suyo con rapidez asombrosa. Parece exceder los posibles humanos
cuando uno considera el tiempo, la distancia, los medios empleados y las
dificultades resueltas. Se juntaron, para lograrlo, heroísmo en la conquista y
santidad en la colonización.
En las provincias americanas de
España hubo esclavos negros, y en las colonias inglesas, también. En las
españolas jamás se vendieron esclavos blancos, como en las inglesas, donde
muchas veces llegaron barcos como uno de 1652, trayendo una fragua, utensilios
domésticos y prisioneros escoceses, que fueron vendidos a los colonos
"como los caballos en las ferias", según dice textualmente la Crónica
de Suffolk. Era un hecho muy repetido. Cualquiera puede comprobarlo en
historias inglesas y norteamericanas. Se enviaron de Inglaterra a América, como
esclavos, no sólo los prisioneros escoceses, sino también los realistas de Carlos
1° vencidos en la batalla de Worcester, como igualmente multitud de católicos
irlandeses, que fueron vendidos en las colonias del Norte y las islas del mar
Caribe, en beneficio de personajes influyentes.
España, en cambio, ni siquiera
esclavizó al indio. Quien lo dude lea, por ejemplo, los Studies in the
adminisiration of the in New Spain del ya citado Lesley Bird Simpson o la obra
del historiador mejicano Silvio Zabala, Fuentes para la historia del trabajo en
Nueva España, donde podrá aprender que España, con todos sus errores,
hizo cuanto pudo para mejorar la situación del indígena. Lesley Bird
Simpson, en su conferencia de California, dice sobre el repartimiento del
trabajo, que fue "invención, notable en su ingeniosidad, por la cual
los indios, sin sacrificar su natural libertad, podían ser forzados a aceptar
las obligaciones del ciudadano, en este caso el trabajo". Nadie que
conozca, aunque sea superficialmente, la historia de América entera, podrá
reprochar a España un ápice más de lo que hicieron la administración inglesa,
francesa, portuguesa u holandesa en sus propias colonias americanas. Y para
demostrarlo mejor al más ciego o torpe enemigo de España, basta la obra de
legislación, orgullo del ser humano, que se llama las Leyes de Indias.
Cuando, a mediados del siglo XVI,
muchas grandes ciudades de Europa carecen de universidad, España funda una en
Méjico, en 1551, que comienza a funcionar en 1553 con tres facultades,
creándose poco después la de medicina, con cátedras de anatomía y patología. El
mismo 1551 se funda otra en la ciudad de Lima, que comienza a funcionar en
1555, y lleva todavía hoy el nombre de San Marcos. Ambas tienen los mismos
privilegios y sistemas del famoso modelo de Salamanca, que era una de las
mejores de Europa. Antes ya había existido otra, desde 1538, en Santo Domingo,
donde tuvo una vida efímera por razones de medio. Se establecieron otras
después en Cuzco y Huamanga en el Perú, Córdoba de la Argentina en 1613, Bogotá
en 1623, y Santiago de Chile, sin contar la de Charcas, donde cursaban sus
estudios superiores los argentinos de entonces. En 1575 se estableció en la
universidad de Lima una cátedra de lengua quichua para que los predicadores
pudieran enseñar a los indios de América meridional, en sus misiones
doctrinales, los dogmas de la fe, propagando por todas partes, al mismo tiempo,
el conocimiento de la antigua lengua de los incas. Además, toda ciudad recién
fundada abre pronto su escuela, donde educan dominicos, franciscanos,
agustinos, jesuítas o maestros particulares. Buenos Aires, que Juan de Garay
vuelve a fundar en 1580, tiene ya la suya en 1605, cuando todavía no existen
colonias inglesas, que tardarán, una vez pobladas, muchos años más que la
naciente Buenos Aires española, en tener su escuelita de primeras letras. A
pesar de ello se afirma que España mantuvo a sus dominios americanos en
completa ignorancia, enseñando nada más que a rezar y a obedecer.
Méjico, como ya dije, funda una
facultad de medicina en 1560, en tanto que Nueva York da sus primeros títulos
de médico en 1769, casi 220 años después. En Lima y Méjico se enseña anatomía y
patología a mediados del siglo XVI, en la medida de lo posible, y esto sólo se
hace a fines del siglo XVIII en los centros docentes norteamericanos, los
cuales, además, no obstante sus dos siglos de atraso en la fundación, no
estaban en condiciones mucho más favorables. Oíd estas palabras del historiador
norteamericano Mac Master: "Se marcaba con piedra blanca el día en que
el joven estudiante disfrutaba de la rara fortuna de disecar un brazo semi pútrido
o de examinar los pulmones o el corazón de un cuerpo humano. Tan grande era la
dificultad de procurarse piezas anatómicas, que aun en la escuela de medicina
abierta en el Colegio de Harvard, un solo cadáver servía para todo el curso. No
se le obtenía sino robando sepulturas o solicitando del gobernador los cuerpos
de los criminales. Lo más común era la profanación de tumbas de negros y
forasteros".
Los hijos de los españoles, pues,
cuando querían cursar estudios liberales o adquirir otros conocimientos, se
educaban, desde antes de 1550, en los institutos eclesiásticos superiores que
sirvieron de base, una vez creadas, a las universidades de Méjico y Lima.
Siguen funcionando hasta el siglo XIX en las principales ciudades de los virreinatos
e intendencias. Algunos de ellos llegan a tal altura científica que, nada menos
que el Barón de Humboldt, ha podido escribir estas palabras, que cito por la
autoridad universal del gran sabio que honró a su tiempo con su ciencia y su
vasta cultura: "Los principios de la nueva química, que en las colonias
españolas llevan el nombre, hasta cierto punto equívoco, de Nueva Filosofía,
están más generalizados en Méjico que en muchos lugares de la península. Un
viajero europeo se sorprendería sin duda al encontrar en el interior del país,
en los confines de la California, jóvenes mejicanos que razonan sobre la
descomposición del agua durante el proceso de la amalgamación al aire libre. La
Escuela de Minas posee un laboratorio de química, una colección geológica
arreglada según el sistema de Werner, un gabinete de física en el que no sólo
hay instrumentos magníficos de Ramsdem, de Adams, de Lenoir y de Louis
Berthoud, sino modelos ejecutados en esta misma capital con la mayor precisión
y con las maderas más preciosas del país". Esto es lo que dice Humboldt de
Méjico, región vecina a las colonias inglesas del Norte. superiores de
educación en éstas, en esos mismos tiempos? Oigamos lo que dice de ellos una
famosa obra norteamericana de hace 50 años, editada por L. P. Brockett: "Los
institutos superiores de las colonias, lo mismo que las escuelas que les
servían de eslabón preparatorio, eran substancialmente instituciones
eclesiásticas, siendo sus alumnos el elemento con el cual se reforzaba la clase
de los clérigos".
Se afirma, también, que las puertas
de América estuvieron cerradas a la literatura extranjera por el ¿Cómo eran los
institutos fanatismo español, que mantenía a sus colonias en la ignorancia de
lo que acontecía en la vida del mundo y en el mundo de las ideas. Es un grosero
disparate. Olvida, nada menos, de donde sacaron lo que sabían los americanos
que emanciparon América de España. En centenares de bibliotecas, desde Méjico
hasta el Plata, ya fueran de sacerdotes o vecinos acaudalados, había abundancia
de libros clásicos, teológicos, de filosofía moderna y política revolucionaria
francesa. Todos hemos leído, en pobres manuales de polémica palabrera, que se
prohibía la lectura en España y la introducción en América del Contrato social
de Rousseau. Lo atribuyen, naturalmente, al obscurantismo español. Pero
olvidan, o no saben, que en 1762, cuando se publicó, los tribunales de París lo
mandan quemar por mano del verdugo, y que Ginebra, la ciudad calvinista y
anticatólica, patria de Rousseau, lo manda quemar, también, junto con el
Emilio, su gran obra educativa. En toda Europa sucedía lo mismo en aquellos
tiempos. No sólo se quemaban los libros en París sino los autores mismos, a
veces, por publicar obras licenciosas. Ningún libro católico hallaba buena
acogida en las regiones protestantes de Alemania, ni en Inglaterra y sus
colonias ultramarinas. Lo mismo se hacía con los libros protestantes en las
naciones católicas. España no podía ser, pues, una excepción a la regla común.
Por eso prohibía la introducción de ciertos libros en América, pero los libros
llegaban a todas partes por la vía del contrabando o de la tolerancia de los
funcionarios. A comienzos del siglo XIX, tal vez había en las bibliotecas de
nuestros abuelos más libros científicos o de política revolucionaria francesa,
que los que guardaban en las suyas los hombres ilustrados de Francia. En
ninguna faltó El espíritu de las leyes, Las cartas persas, El contrato social,
medio Voltaire o Rousseau, ni tampoco la violenta Historia filosófica y
política de los establecimientos y del comercio de los europeos en las Indias,
del abate Raynal, que era una diatriba de odio contra España y todo lo español,
leída, comentada y admirada por criollos y españoles que la tenían como libro
de cabecera. El día en que un José Torre Revello, con su completa erudición,
escribía sobre la cultura de Hispano América, en tiempos de la colonia, un
libro como el reciente suyo El libro, la imprenta y el periodismo en América
durante la dominación española, que es un extraordinario acopio de
documentación, los que creen a ciegas en el prejuicio antiespañol comprobarán,
con asombro, que no pudo salir de una cárcel de fanatismo y oscuridad tanto
nombre famoso en aquellos tiempos por su saber, sus obras y su cultura, sin que
su inteligencia hubiera podido nutrirse, de un modo esencial y metódico, en los
libros y en los institutos que abundaron en el continente entero mientras
España gobernó a sus provincias de América. España nunca les negó nada que no
hubiera comenzado a negarse a sí misma antes.
Muy pocos libros de historia
americana dejan de esgrimir contra España, como principio inconcuso, que
estableció el monopolio del comercio en beneficio de los españoles de España y
en perjuicio de los territorios de América. El hecho es cierto, pero España,
como metrópoli europea de un imperio colonial lejano, no es la única culpable
en aquellos siglos. Lo mismo establecieron en sus colonias americanas los
famosos gobernantes franceses que se llamaron Enrique IV, Richelieu y Colbert,
a quienes nadie niega grandeza o claridad en los propósitos, con el agravante
de que conceden el beneficio del monopolio en provecho de un particular como de
Monts o Cavelier de la Salle. También los holandeses imponen la ley del
monopolio absoluto contra ingleses, franceses y españoles. Leed lo que dijeron
los americanos del Norte cuando se alzaron contra la dominación de Londres, a
raíz de la ley del timbre. Buscad las leyes de navegación y comercio, que están
en cualquier manual de historia. De acuerdo con ellas, todos los artículos,
procedentes de cualquier país, sólo podían ser llevados a Inglaterra, y de ésta
a sus colonias, por compañías de mercaderes ingleses. Para que un artículo
europeo fuera recibido en Boston tenía que llegar en barco de propiedad
inglesa. Ninguna colonia podía exportar nada sino bajo bandera inglesa y por la
vía de Inglaterra. Añil, maderas, pieles, tabaco, arroz, azúcar, algodón, debía
ser remitido a Inglaterra para ser vendido. Dentro de las colonias regían
restricciones peores. Por ley de 1699 se prohibe cargar lana de una colonia a
otra o al exterior, en buque, carro o lomo de animal. Los industriales de
Connecticut, que manufacturaban géneros, no podían mandarlos a Albany y
Massachussets, para que en estas colonias los indios tuvieran que comprar, a
mayor precio, los paños ingleses. En las provincias españolas de América nunca
existió este monopolio interno. En cambio, el de la navegación y comercio por
mar era, lo mismo que el inglés, francés, holandés y portugués en sus propias
colonias, nada más que la consecuencia de un estado económico y social que
abarcaba a todas las naciones europeas en su industria y su comercio. Lo que
era un mal de todos, si es que era un mal, pues el monopolio de la navegación y
del transporte fue una defensa contra el pirata, el corsario, el enemigo y el
contrabandista, no puede ser imputado únicamente a España, como si fuera el
chivo emisario de los pecados del mundo.
Veinte veces habréis leído que la
lacra de la colonización española fue la introducción de los esclavos negros.
Los mismos que lo afirman ignoran, o quieren decirlo, que desde 1713, por un
asiento con España, Inglaterra proveyó a las colonias francesas, portuguesas y
españolas los negros que necesitaban, cuyo número, según Bancroft, alcanzó a
más de tres millones, sin contar los centenares de miles que murieron en las
sentinas de los barcos, abarrotados de doliente mercadería humana. La reina Ana
llegó a alabarse, en el Parlamento de Londres, de haber descubierto en África,
con sus naves, nuevos mercados de este tráfico que llegó a ser como entonces se
dijo, "la columna, la base principal y el mejor auxilio del comercio de
Inglaterra". El "comercio del ébano", como se lo llamaba con
delicado eufemismo, duró hasta el siglo XIX. Hay historiadores que duplican, y
hasta triplican los tres millones de los cálculos de Bancroft.
Tal vez alguien encuentre en estos
datos, que aquí traigo, la expresión de argumentos contra la colonización
inglesa en tierras americanas. No sería difícil. Vivimos en tiempos intolerantes
que todo lo dicen en bloque macizo de palabras. Yo no concibo que el ser humano
pueda obrar así. Todo hombre, como todo pueblo, tiene cosas buenas y cosas
malas. Sólo los santos son perfectos, pero por la gracia de Dios. Y no hay
pueblos de santos, ni pueblos de réprobos, tampoco. Yo hablo aquí en
justificación de España, no en contra de nadie. Por ser la tierra de mis
abuelos, cuya historia, desde el esplendor romano, es mía también, amo a
España, cuya cultura de gran nación, imitada en modas, costumbres, lenguaje,
pensamiento y literatura por toda Europa, hasta 1650 por lo menos, resplandece
en la conquista de América como la mayor empresa civilizadora de todos los
tiempos. Buscad otra más grande que España, y no la hallaréis. Lo que en España
es malo, es común a las naciones que conviven con ella. Lo que España tiene de
grande, rico y prodigiosamente fecundo en su alma, es exclusivamente suyo, pues
jamás lo tuvo nadie sino ella. Es el atributo español de obrar siempre en
desmesura, por la vía del heroísmo y por la vía de la santidad, que siempre
fueron, en la historia del hombre, la cúspide de toda grandeza. Amontonad en la
conquista americana los mil errores que cometieron, en trescientos años, los
individuos que aquí mandó. Todos ellos juntos no compensan los bienes que
España trajo a nuestro continente. Aunque los olvidemos o los neguemos, vivirán
en nosotros hasta el fin de los siglos. Es una tradición de grandeza que vale
más, en su falta de valor utilitario, que muchas cosas materiales tras las
cuales fueron muchos pueblos en el último siglo.
Llegado al fin de mi conferencia,
quiero resumirla en opiniones de escritores modernos de habla inglesa. De este
modo nadie dirá que exageré en lo que dije sobre la proyección de la cultura
española en la conquista de América.
Oíd, en primer lugar, a Mr. Lummis en
Spanish Pioneers: "España, cuando pobló las Américas, las pobló y
civilizó en poco más de cien años de incesante exploración y conquista. Tenía
en el Nuevo Mundo centenares de ciudades que distaban unas de otras miles de
millas, a las que dotó de todas las ventajas de la civilización del tiempo, y
además otras dos. San Agustín y San Gabriel de los Españoles, en lo que hoy son
los Estados Unidos, donde sus hijos penetraron en veinte de sus estados actuales.
Francia había hecho unas pocas expediciones superficiales que no produjeron
ningún fruto substancial, en tanto que Portugal sólo había fundado unas pocas
ciudades de escasa importancia en Sud América. Inglaterra se había pasado ese
siglo en señorial inactividad, y en él no hubo ni una cabaña inglesa ni un
inglés entre el Cabo de Hornos y el Polo Norte".
Escuchad ahora lo que dice el
Profesor inglés E. Allison Peers en su hermoso libro reciente Our debt to
Spain: "Educación universitaria, interés en los descubrimientos
científicos, producción de libros, actividad histórica, desarrollo del teatro,
continuaron sin interrumpirse desde el comienzo del renacimiento español hasta
casi el fin de su siglo de oro. Y era natural que estos intereses intelectuales
fueran transportados al Nuevo Mundo, aunque, quizá, la firmeza y la forma cabal
en que se hizo asombre, todavía hoy, a los que están en mejores condiciones
para comprenderlo. Las primeras escuelas, para los niños de los colonos
españoles, se establecieron en 1524 por un franciscano flamenco, Pedro de
Gante, al servicio de España. Recordando que en las primeras expediciones no
vinieron mujeres ni niños, esto representa la obra de treinta años escasos.
Gante mantuvo su escuela casi medio siglo, y enseñaba no sólo a leer, escribir
y a conocer el catecismo, sino también música, dibujo, pintura, escultura y
varios oficios". Allison Peers no podía dejar de recordar,
naturalmente, que la primera imprenta se estableció en Méjico un siglo antes
que la primera imprenta inglesa de América, y que todavía hoy existen libros
españoles impresos en América en 1539. Finalmente, traduciré un corto párrafo
de una obra de Mr. E. G. Bourne, Spain in America. Después de poner de resalto
que las primeras universidades españolas son casi cien años más antiguas que
las de origen inglés, agrega estas palabras, que complementan gráficamente lo
que traté de demostrar en mi discurso: "no es aventurado decir que, en
número, extensión de los estudios y altura de los conocimientos en sus profesores,
las universidades españolas sobrepasaron todo lo que existió en la América
inglesa hasta el siglo XIX".
Con esta frase, que no fue escrita
por autor de sangre española, puedo terminar mi homenaje a España, en este día,
sin temor que se me tache de exagerado y parcial. Si lo soy, estoy en la buena
compañía de los mayores historiadores ingleses y norteamericanos de estos
tiempos. Buscad mañana, en cambio, lo que dicen, famosos libros argentinos,
sobre la ignorancia y fanatismo con que España agobió la cultura exigua de sus
colonias miserables, y pensad, después, que en la última frase traducida, nos
dice un historiador de habla inglesa, que sólo en pleno siglo XIX las
universidades de las colonias inglesas del Norte alcanzaron a ser lo que eran,
doscientos años atrás, las universidades de las atrasadas, sacrificadas y
maltratadas colonias españolas.
¿No basta esto sólo para agradecer a
España, en este Nuevo Mundo, la sangre que nos dio, la tradición con que nos
enriqueció el alma, la cultura magnífica, una de las más altas y recias de
Europa, con que educó a los hijos de sus conquistadores y colonos hasta el día
en que una guerra civil emancipó a hombres hechos y derechos que no olvidaron,
como nosotros, que España, madre amantísima, les había dado lo mejor de su
cuerpo material y de su espíritu inmortal? Así lo comprenden y agradecen los
miembros del Consorcio de médicos católicos de Buenos Aires, que me hicieron el
honor de pedirme esta conferencia.
Dios quiera que yo haya podido
cumplir su propósito. No vine a traeros, señores, un himno en prosa lírica
sobre la grandeza resplandeciente de España, sino argumentos ceñidos a la
necesidad de acabar con la leyenda que mancilló la historia y la gloria de
España. España es nuestra por ser la madre, y porque seremos de cepa española
por los siglos de los siglos. Los pueblos nacen con un destino en los designios
de Dios. El nuestro, aunque cien razas hayan venido a fundirse en la sangre que
España trajo a América para el bien del mundo, nunca podrá ser otro que el de
enaltecer, siendo siempre enérgicamente americanos, la grande, noble, heroica,
pura y santa herencia que recibimos de los abuelos españoles, por la gracia de
Dios. Es herencia de lengua y de sangre, encomendada a la posteridad católica
el día que fondearon en una isla del mar Caribe las tres carabelas españolas de
Cristóbal Colón. Por la memoria de aquel 12 de octubre, iniciemos, como retoños
de España, el advenimiento definitivo, auténticamente nuestro, de un nuevo
concepto de la civilización humana, que no se asiente sobre valores económicos
de utilidad y materiales de felicidad industrial, sino sobre el austero
concepto español de que la vida es milicia cuando el hombre cumple, para el
bien común, la voluntad de Dios sobre la tierra, en un permanente propósito de
heroísmo y santidad. Si nuestra vida no es así en los tiempos duros que ya
están llegando, en vano será que América adore al Becerro de Oro, adueñado del
mundo. No olvidemos que América nació a la vida, que es milicia, bajo la
protección de los brazos de una Cruz castellana en tres naves españolas.
Seamos, como España, espada que defiende a la Cruz, y Cruz que ampara a la
espada. solamente cuando una mano limpia y libre la pone al servicio de un
ideal de justicia ecuménica dentro de un Nuevo Orden, con fundamento moral,
cuyas bases eternas promulgó Su Santidad Pío XII, en sus cinco puntos de
diciembre de 1941, para que la verdad, el derecho y el bien existan alguna vez
en el mundo, espiritualizados en el amor de Dios y no en los intereses transeúntes
del hombre.
12 de Octubre de 1942
Tomado de revista Sol y Luna, N° 9,
1949
“COSTA RICA DEFIENDE LA OBRA COLONIZADORA
DE ESPAÑA”
“Basta de
leyenda negra contra la Nación
que dio absolutamente todo, su espíritu y su carne,
por sus colonias”.
SEDE DE LAS NACIONES UNIDAS (Nueva York).- El doctor
Gonzalo Ortiz Martín, de Costa Rica, ha defendido a España ante la Asamblea General
contra los ataques de Rusia y otras delegaciones.
“Nosotros, Costa Rica, advinimos al conocimiento
universal cuando fue descubierto nuestro país por Cristóbal Colón en misión
encomendada por los Reyes Católicos”, dijo el señor Ortiz Martín.
“Fuimos desde entonces, hasta nuestra independencia en
1821, colonia de España. Séame permitido, porque así lo consideramos de
justicia, referirme a violentas palabras y conceptos hirientes que se han
vertido aquí con relación al coloniaje español en América. Cada época tiene sus
propias características políticas. No es posible pretender que en tiempos de la Reina Isabel la Católica se impusiese,
por ejemplo, el régimen democrático en las tierras descubiertas, cuando este
sistema no se practicaba entonces. Es
preciso tener presente que una cosa es la conquista española en sí y otra la
administración colonial. El conquistador era hombre de guerra, y la guerra,
desgraciadamente ayer y hoy despierta en los hombres instintos primitivos que
les tornan tan feroces como las bestias. La administración hispana se
caracterizó por el gran número de leyes dictadas a favor de los indígenas, en
no dejar queja sin ser atendida por los tribunales regionales y los
metropolitanos.
No puede
olvidarse que los gobernantes ibéricos en América estaban sujetos al juicio de
residencia, consistente en una amplia investigación pública y judicial sobre su
administración, no pudiendo el funcionario abandonar su anterior jurisdicción
hasta tanto no fuera emitido el fallo absolutivo en la residencia. Se impuso
como fundamento de la gran empresa española la evangelización de los nativos
para abrir sus espíritus a la luz del cristianismo, que es amor, caridad,
igualdad y paz entre los hombres.
Basta ya de
leyenda negra contra España –siguió diciendo el señor Ortiz- , que le dio todo,
absolutamente todo, su espíritu y su carne, por sus colonias. La decadencia
española, la material, se originó con el descubrimiento de las Indias, ya que
decadencia espiritual no existió, porque su espíritu quijotesco, su filosofía
cristiana, su generosidad espléndida, corren caudalosas en nuestras venas junto
a la indómita sangre india. España no se enriqueció en América, se arruinó en
América. Séame disculpada esta digresión,
hecha en honor a la verdad histórica y como un recuerdo de gratitud a la
que es madre Patria, no en preciosos versos, sino en la realidad de la
prosa”
Extraído de “LA TRADICIÓN ”, revista del
P. Hervé Le Lay .- nº 59 Marzo-abril
1963
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| De un CÓDICE- sacrificios, extraen un corazón |
INMOLACIONES HUMANAS
|
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| PESTES, VIRUELAS. GRAN MORTANDAD DE INDIOS |
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| Francisco Solano no nació ni murió en tierra argentina; pero qué importa eso; Solano es nuestro APÓSTOL ARGENTINO POR EXCELENCIA. |
SEGÚN LA LEYENDA NEGRA ESTOS ERAN LOS PUEBLOS "CIVILIZADOS" QUE ENCONTRARON LOS ESPAÑOLES.
NECESITAMOS RECONSTRUIR NUESTRAS
RAICES
CARTA ABIERTA A ESPAÑOLES Y A CRIOLLOS
Patricio Lons
CARTA ABIERTA A ESPAÑOLES Y A CRIOLLOS
Patricio Lons
Soy argentino y me
duele ver a tanto tilingo avergonzado de ser español ¿qué les pasa? Isabel,
Carlos V y Felipe II crearon un imperio extraordinario con miles de
dificultades, pero circunvalaron el globo por primera vez dando un maravilloso
salto en la historia y llevaron la fe y la cultura por el mundo. ¿No se dan
cuenta que con esa actitud antiespañola, nos hacen daño a las naciones hijas de
la hispanidad? ¿No sienten responsabilidad sobre nosotros? Los indios de
América siguieron luchando por el rey y por la religión hasta 1834 en que debieron
arriar por última vez las aspas de Borgoña en la isla de Chiloé, al sur de
Chile. Morían en la guerra al grito de ¡Viva el rey! El ejército realista
estaba formado por criollos, indios, negros y mulatos ¿Acaso ustedes saben
esto?
Permitieron que el imperio
se desgaje desde California hasta la Antártida. Y ese eterno desgajar, parece
estar simbolizado en las amputaciones físicas que dejaron en los campos de
batalla los grandes héroes como Blas de Lezo y Millán de Astray y en el martirio
de Santiago de Liniers. Nuestros soldados más bravíos en la guerra de Malvinas
llevaban sangre criolla y española, no cedían una pulgada de trinchera sin
derramar sangre propia y enemiga, combatiendo incluso heridos, nuestros
halcones se lanzaban en picada demostrando que no había nada más peligroso que
un piloto argentino recién confesado, provocando terror y pavura entre los
marinos ingleses. Y una vez agotada la munición, buscaban chocar sus aviones
contra los Harriers enemigos que escapaban evadiendo a la patriótica locura de
semejante combate, tan magníficamente loco como el de los Tercios españoles en
la batalla de Rocroi. El teniente Estévez, comando del Ejército Argentino
muerto en combate en 1982 en la Guerra de Malvinas, le escribió a su padre antes de morir, "GRACIAS POR
HACERME CATÓLICO DE SANGRE ESPAÑOLA..." ¿No valoran esa
historia, que es también nuestra historia? Mientras
les ocupan el Peñón y tratan de dividirlos, nosotros los argentinos, hijos de
la Madre Patria, batimos a Inglaterra en seis guerras distintas ¿qué os pasa?
¿No se les puede dejar solos? ¡Déjense de permitir que os manipulen ingleses y
pérfidos que os odian y pónganse de pié, todo un imperio los espera! ¡¡No
permitan que los destrocen una vez más!!
¡Este es nuestro
reproche, pero también el reclamo esperanzado de vuestros hijos allende la Mar
Océano! Sigo soñando con enfrentar picas a caballos y arcabuces a piqueros.
¡Que el Rey actúe
como rey y con la cara al sol, de la gran página de la historia por escribir!
¡Por el Cid, por Isabel y Fernando! ¡Viva España y viva Argentina! ¡El Peñón es
español y las Malvinas son argentinas! ¡¡Vivan los héroes de Malvinas!! ¡Viva
la patria!
Por los 649 caídos
en Malvinas, 649 veces, desde nuestra tierra gritamos:
¡¡Viva Argentina!!
De: Patricio Lons
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VITRAL RECORDANDO EL MARTIRIO DEL PADRE MASCARDI- IGLESIA DE NAHUEL HUAPI
Hay que señalar entre otros tantos al P. Juan José Guglielmo, también muerto por los indios: dos lagos llevan sus nombres
REFLEXIONES. NO SE PUEDE ACEPTAR ESTOS PEDIDOS DE PERDONES A LOS ABORÍGENES. UNA QUE YA NO SON TALES PUES HAN PASADO A FORMAR PARTE DE LA CIUDADANÍA DE CADA PAÍS EN AMÉRICA.
FRANCISCO LÍDER ACTUAL DE LA SIEMBRA DE CIZAÑA ENTRE LOS PUEBLOS. PARA LO CUAL SE BASA EN LA MENTIROSA LEYENDA NEGRA. ¡JUSTAMENTE ÉL QUE COMO ARGENTINO CONOCE QUE LA MISMA HA SIDO DILUIDA POR PRIMERA VEZ EN LA MISMA ARGENTINA, POR MONS. PABLO CABRERA Y QUE QUEDÓ BIEN ACLARADA LA HISTORIA DE LA CONQUISTA POR NUMEROSÍSIMOS HISTORIADORES DE MUCHOS PAÍSES!. PERO ÉL, PARA GANARSE "LAS SIMPATÍAS" DE LOS FIELES DEL MUNDO USA ESTA HIPÓCRITA Y BLASFEMATORIA HERRAMIENTA. INSTALA LA CONFUSIÓN, EL CAOS TAL COMO PREDICA LA REVOLUCIÓN "HAGAN LÍO" ¿DONDE ESTÁ LA PAZ Y LA CARIDAD DE LAS QUE SE PROCLAMA EL PRIMER SOSTENEDOR EN LA IGLESIA., COMO SI ANTES DEL VATICANO II NO SE HUBIERAN PREDICADO LAS MISMAS.?!q ue tengamos que enfrentarnos ahora criollos y mestizos cuando vivimos en perfecta armonía;¡ por algo hay tantos morenos!
¿CÓMO SE ATREVE A DESVIRTUAR A TANTOS MISIONEROS QUE HASTA HAN DADO SU VIDA POR EL PRÓJIMO? LA LISTA ES INFINITA PERO AL AZAR: S. FRANCISCO SOLANO, EL P.PAUCKE, LOS PADRES MASCARDI (MÁRTIR),P.GUILLELMO (MÁRTIR) EL P FELIPE DE JESÚS (MÁRTIR,1597, Y PRIMER SANTO DE AMÉRICA ;
FRANCISCANOS, MERCEDARIOS, JESUÍTAS, DE SU MISMA CONGREGACIÓN Y A QUIENES TAMBIÉN CALUMNIA CON GRAN DESPARPAJO.
AFIRMA CON SU ACTITUD QUE TODOS HAN APLICADO LA BARBARIE.
EL DESENFRENO DE BERGOGLIO NO TIENE LÍMITES; ESTÁ DECIDIDO A ARRASAR CON LA IGLESIA "CUESTE LO QUE CUESTE". CABE LA PREGUNTA ¿PARA QUIÉN TRABAJA?
VIENE BIEN RECORDAR LA ARGENTINA CATÓLICA, AHORA TAN PAGANIZADA. CON EL XXXII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL DEL AÑO 1934 QUEDÓ EVIDENCIADO QUE NUESTRA HERMOSA Y QUERIDA ARGENTINA ERA EL PAÍS DE MAYOR FUERZA CATÓLICA DEL MUNDO. SI EL CONGRESO DE CHICAGO RESULTÓ UNA GRAN DEMOSTRACIÓN DE FE, EL NUESTRO LO SUPERÓ. TAMBIÉN TUVIMOS PARA ESE ENTONCES AL MAYOR ESCRITOR CATÓLICO DEL MUNDO. GUSTAVO MARTÍNEZ ZUVIRÍA, HUGO WAST.
ASÍ ES COMO EL NUNCIO APOSTÓLICO PACELLI QUEDÓ IMPRESIONADO DEL FERVOR Y LA RELIGIOSIDAD DE ESTA ARGENTINA EXCLAMÓ ¡ESTO ES EL PARAÍSO! ELEGIDO PAPA UNOS 5 AÑOS DESPUÉS, DIRIGIÓ SU PRIMERA BENDICIÓN A LA ARGENTINA.
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| Todo lo que España dio a sus Colonias |
El siguiente link corresponde al video EL GENOCIDIO NO EXISTIÓ de Jesús Ángel Rojo Pinilla.
https://www.youtube.com/watch?v=8Pi7QWS6PQk
EL PADRE NICOLÁS MASCARDI ASESINADO POR LOS INDIOS, LE APLASTAN EL CRÁNEO Y LO ACUCHILLAN.
VITRAL RECORDANDO EL MARTIRIO DEL PADRE MASCARDI- IGLESIA DE NAHUEL HUAPI
Hay que señalar entre otros tantos al P. Juan José Guglielmo, también muerto por los indios: dos lagos llevan sus nombres
REFLEXIONES. NO SE PUEDE ACEPTAR ESTOS PEDIDOS DE PERDONES A LOS ABORÍGENES. UNA QUE YA NO SON TALES PUES HAN PASADO A FORMAR PARTE DE LA CIUDADANÍA DE CADA PAÍS EN AMÉRICA.
FRANCISCO LÍDER ACTUAL DE LA SIEMBRA DE CIZAÑA ENTRE LOS PUEBLOS. PARA LO CUAL SE BASA EN LA MENTIROSA LEYENDA NEGRA. ¡JUSTAMENTE ÉL QUE COMO ARGENTINO CONOCE QUE LA MISMA HA SIDO DILUIDA POR PRIMERA VEZ EN LA MISMA ARGENTINA, POR MONS. PABLO CABRERA Y QUE QUEDÓ BIEN ACLARADA LA HISTORIA DE LA CONQUISTA POR NUMEROSÍSIMOS HISTORIADORES DE MUCHOS PAÍSES!. PERO ÉL, PARA GANARSE "LAS SIMPATÍAS" DE LOS FIELES DEL MUNDO USA ESTA HIPÓCRITA Y BLASFEMATORIA HERRAMIENTA. INSTALA LA CONFUSIÓN, EL CAOS TAL COMO PREDICA LA REVOLUCIÓN "HAGAN LÍO" ¿DONDE ESTÁ LA PAZ Y LA CARIDAD DE LAS QUE SE PROCLAMA EL PRIMER SOSTENEDOR EN LA IGLESIA., COMO SI ANTES DEL VATICANO II NO SE HUBIERAN PREDICADO LAS MISMAS.?!q ue tengamos que enfrentarnos ahora criollos y mestizos cuando vivimos en perfecta armonía;¡ por algo hay tantos morenos!
¿CÓMO SE ATREVE A DESVIRTUAR A TANTOS MISIONEROS QUE HASTA HAN DADO SU VIDA POR EL PRÓJIMO? LA LISTA ES INFINITA PERO AL AZAR: S. FRANCISCO SOLANO, EL P.PAUCKE, LOS PADRES MASCARDI (MÁRTIR),P.GUILLELMO (MÁRTIR) EL P FELIPE DE JESÚS (MÁRTIR,1597, Y PRIMER SANTO DE AMÉRICA ;
FRANCISCANOS, MERCEDARIOS, JESUÍTAS, DE SU MISMA CONGREGACIÓN Y A QUIENES TAMBIÉN CALUMNIA CON GRAN DESPARPAJO.
AFIRMA CON SU ACTITUD QUE TODOS HAN APLICADO LA BARBARIE.
EL DESENFRENO DE BERGOGLIO NO TIENE LÍMITES; ESTÁ DECIDIDO A ARRASAR CON LA IGLESIA "CUESTE LO QUE CUESTE". CABE LA PREGUNTA ¿PARA QUIÉN TRABAJA?
VIENE BIEN RECORDAR LA ARGENTINA CATÓLICA, AHORA TAN PAGANIZADA. CON EL XXXII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL DEL AÑO 1934 QUEDÓ EVIDENCIADO QUE NUESTRA HERMOSA Y QUERIDA ARGENTINA ERA EL PAÍS DE MAYOR FUERZA CATÓLICA DEL MUNDO. SI EL CONGRESO DE CHICAGO RESULTÓ UNA GRAN DEMOSTRACIÓN DE FE, EL NUESTRO LO SUPERÓ. TAMBIÉN TUVIMOS PARA ESE ENTONCES AL MAYOR ESCRITOR CATÓLICO DEL MUNDO. GUSTAVO MARTÍNEZ ZUVIRÍA, HUGO WAST.
ASÍ ES COMO EL NUNCIO APOSTÓLICO PACELLI QUEDÓ IMPRESIONADO DEL FERVOR Y LA RELIGIOSIDAD DE ESTA ARGENTINA EXCLAMÓ ¡ESTO ES EL PARAÍSO! ELEGIDO PAPA UNOS 5 AÑOS DESPUÉS, DIRIGIÓ SU PRIMERA BENDICIÓN A LA ARGENTINA.






















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