viernes, 12 de febrero de 2016

CRISTEROS

EL SEMBRADOR DE CIZAÑA






Aparición de la Virgen a Juan Diego

   



LA LEYENDA NEGRA










LA ARGENTINA COLONIAL
Mi Patria, la Argentina, estaba fundada en las leyes de Indias, que eran justísimas. ¿Y eso cómo se demuestra? ¿Qué dato objetivo podemos dar después de 200 años? –Que no había aparato represivo, En la Argentina hacia el año 1806 no había ninguna fuerza de represión, los vecinos hacían sus prácticas para defenderse. Había en todo el Virreynato del Río de la Plata 400 soldados viejos, que habían quedado de la expedición de Cevallos en la guerra contra Portugal. El ejército se construyó en 1806 cuando vinieron las invasiones inglesas, para defenderse de la invasión inglesa. ¿Y por qué no había represión?. Porque cumplían los 10 Mandamientos. Cuando el termómetro de la ley interna está muy alto, el termómetro de la  represión social, decía Donoso Cortés, es muy bajo. Cuando el desorden interno es muy grande la represión afuera, para que  no se transforme en el mundo de la selva, es muy alta
Y esa es la razón que tienen nuestros ejércitos; defendernos del problema exterior. Por eso los quieren disolver... (pp10-11)
(...) LA CIUDAD DE DIOS Y LA LEYENDA NEGRA
Para  tratar el tema de la Leyenda Negra debemos pedir ayuda a San Agustín. ¿Por qué? Porque San Agustín fue uno de los refutadores de la leyenda negra de su tiempo. Y debió escribir muchísimo porque debía responder a un cuestionamiento total, como ahora .
Soportaba, una guerra que iba desde la teología hasta las flechas; (ahora va desde la teología hasta las balas, con el terrorismo), y entonces había que dar respuesta a todos esos ataques que iban desde la raíz hasta la copa del árbol. Reformulaba en esa defensa la visión de la Cristiandad.
¿Cuál es el ataque que tuvo San Agustín? Los paganos acusaban al cristianismo de ser el culpable de la destrucción de Roma por los bárbaros. Esa era la leyenda negra. Y él escribe en respuesta "La Ciudad de Dios", que fue la Suma Teológica de su tiempo. Y rigió toda la reconstrucción cristiana de Europa en la Edad Media. (pp12-13)






EL HOMICIDIO SISTEMÁTICO
 Pero el  signo más claro de la infestación diabólica es el homicidio sistemático para satisfacer la sed inextinguible de los ídolos. Los aztecas creían ser la nación encargada de asegurar a vida en el universo por el ofrecimiento incesante de víctimas. Y también los adalides de la civilización moderna han tomado bajo su  responsabilidad proporcionar a sus divinidades un número aceptable de sacrificios. El panteón del hombre moderno está constituido por un sinnúmero de ideologías: Liberalismo, Socialismo, Marxismo, Cientismo, Mundialismo, que permitiría un acuerdo incruento de los usureros de Occidente con los carniceros de Oriente, etc.(...) p.42
(...) En nuestro siglo centenares de millones de hombres han sido víctimas de la guerra, la revolución, hambrunas y toda suerte de calamidades científicamente planeas y ejecutadas por quienes intentan recuperar el Paraíso perdido.(...)p.43
(...) EL DOMINIO DEVORADOR DEL TIEMPO INMANENTE.
Esta civilización materialista se derrumba. ¿Qué quiere decir materialista? Que no hay nada más allá de la materia. Y entonces todo termina con la muerte. Esta civilización, dominada por el tiempo inmanente, está siendo devorada por el mismo y tiene signos de muerte: el aborto, la eutanasia, el divorcio, la desunión, la desintegración, la guerra, la droga....p.43









LOS CRISTEROS EN MÉJICO






La masonería, la represión anticatólica y la rebelión armada de los CRISTEROS en México (I)
Una revuelta popular que no contó con líderes, ni fue auspiciada por políticos, banqueros o eclesiásticos. Una acción que no recabó ayudas de otros países ni tuvo el apoyo de lobbys o grupos de presión.
Alex Rosal
Algo muy grave pasó en el México de 1926 para que 20.000 campesinos dejaran sus familias y se echarán al monte sin dinero, armas y organización militar para hacer la guerra a un ejército de 80.000 hombres, con buenas pagas, profesional y armado hasta los dientes. Un verdadero suicidio. Una revuelta popular que no contó con líderes, ni fue auspiciada por políticos, banqueros o eclesiásticos. Una acción que no recabó ayudas de otros países ni tuvo el apoyo de lobbys o grupos de presión. Un levantamiento que no fue preparado ni pensado con cálculos humanos. Un movimiento espontáneo surgido del pueblo que dijo “¡Basta ya!” a los atropellos continuados del poder político. Una epopeya heroica y desesperada por defender las propias convicciones y creencias católicas, ante unos políticos empeñados en arrasarlas con enseñamiento y mala fe.
Nada de ello se puede entender sin la acción de la masonería, que en México ha sido más transparente e influyente que en ningún otro país, ostentando un amplísimo poder durante más de un siglo. Ya lo decía el Presidente mexicano Portes Gil en 1929: “En México, el Estado y la masonería son una misma cosa”. En aquella época era raro, raro o muy raro que ministros, gobernadores, senadores, diputados u otros cargos de responsabilidad pública no fueran masones. El propio Portes Gil fue Gran Maestre, lo mismo que el Presidente Ortiz Rubio. Y masonería y catolicismo, ya se sabe, son antagónicas. “La lucha es eterna. La lucha se inició hace veinte siglos”, proclamaba en público Portes Gil. Por eso no es de extrañar que desde la independencia de México en 1824 y hasta mediados del siglo veinte, prácticamente todos sus presidentes tuvieran en común una afinidad o pertenencia a la masonería, unido a una feroz legislación anticatólica.
Comienza la persecución religiosa
Al hacerse con el poder el indio zapoteca Benito Juárez en 1855 –que aprendió a leer y escribir gracias a un lego carmelita, e incluso se postuló como novicio-, se da el pistoletazo de salida a la persecución oficial de la Iglesia desde el Estado mexicano. La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma de 1859 son toda una declaración de intenciones: se suprimen las órdenes religiosas, se confiscan los bienes de la Iglesia y se secularizan cementerios, hospitales y centros de caridad. Además, se intenta crear una Iglesia cismática, llamada “Iglesia mexicana”, separada de Roma y de sus obispos, y controlada directamente por el poder político. A Juárez le sustituye en el poder Lerdo de Tejada (1872-76), que habiendo sido seminarista en su juventud sigue la estela de su predecesor en eso de ensañarse con la Iglesia: expulsa del país a las Hijas de la Caridad que atendían diariamente a más de 15.000 pobres y mendigos, y mantiene con firmeza todas las leyes anticatólicas. Resultado: miles de campesinos se alzan en armas contra el Gobierno por un periodo de tres años. Se les llamó Religioneros, y son los precursores de los Cristeros. El también ex seminarista Porfirio Díaz se hizo con el poder tras una violenta revolución armada y permaneció en él por un periodo de treinta años (1877-1910). Aunque fue más tolerante con la Iglesia no reformó ninguna ley anticatólica e impulsó una educación de corte antirreligiosa. El general Venustiano Carranza inicia una nueva revolución que le llevará a la Presidencia de la República (1916-20). Su gobierno destacará por impulsar una nueva persecución contra la Iglesia. Su ejército, de camino al poder, se hace notar por sus tropelías: quema de iglesias, múltiples robos y violaciones, secuestro de sacerdotes y monjas… Según el sacerdote e historiador navarro José María Iraburu “todavía hoy en México carrancear significa robar, y un atropellador es un carrancista”. Pero lo más curioso del “pontificado” político de Carranza fue la actitud de sus gobernadores con respecto a la religión: imponían en sus Estados unas leyes más propias de Groucho Marx que de un político con un par de dedos de frente. A saber: ningún sacerdote podía administrar legalmente el sacramento de la penitencia, salvo a los moribundos, para lo cual se solicitaba la presencia de un empleado del Gobierno con el fin de que escuchara, junto al sacerdote, la confesión del enfermo, que debía decir sus pecados en voz alta. Más: se prohibía la celebración de la Eucaristía durante la semana y se permitía la del domingo siempre y cuando se dieran una serie de requisitos, siempre subjetivos y a merced del Gobernador de turno. Sin embargo, en los funerales era ilegal oficiar la Misa, así como conservar el agua de las pilas bautismales.
Con Carranza en el poder el Estado mexicano se asienta en su orientación anticristiana al promulgar la Constitución de 1917 que imponía lo siguiente: educación laica obligatoria; reafirmación en la confiscación de todos los bienes de la Iglesia; prohibición de colegios religiosos, obispados, seminarios o conventos, así como la existencia de órdenes religiosas. Estaba prohibido proclamar el Evangelio u oficiar cualquier acto religioso fuera de los templos o de las casas particulares.
El gobierno del General Obregón (1920-24) es continuador de la política de Carranza en su inquina antirreligiosa manteniendo el espíritu y la letra de la Constitución de 1917. Un miembro de su Gabinete tuvo la ocurrencia de poner una bomba al pie del altar de la Virgen de Guadalupe, sin lograr el resultado de que saltara la imagen en mil pedazos –el cuadro quedó milagrosamente intacto-, además de expulsar del país al Delegado apostólico del Papa en México.
“El enemigo número uno de los católicos”
Pero quién da una vuelta más a la tuerca de la persecución religiosa y se abandera como “el enemigo número uno” de los católicos será el general Plutarco Elías Calles (1924-29), más conocido como “Calles”. Reforma el Código Penal en la llamada “Ley Calles 1926” para expulsar a todos los sacerdotes católicos extranjeros y sancionar con multas o penas de cárcel a los que enseñen religión, vistan de sotana o traje talar, y proclamen públicamente el Evangelio. A ello se suma la reinstauración de la Iglesia cismática de México, que controlará directamente Calles. Al igual que con Carranza, los gobernadores de Estado de Calles estarán prestos a seguir la política antirreligiosa del Presidente instaurando en sus territorios leyes curiosas, como la del gobernador de Tabasco, que exigirá al clero casarse para continuar con su labor pastoral, o la del gobernador de Chiapas, que amenaza con encerrar en cárceles y manicomios a todo sacerdote que no tenga autorización legal para ejercer su función. Fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de los obispos mexicanos. De forma unánime, el episcopado publica una Carta Pastoral que era todo un aviso para navegantes: “Trabajaremos para que el Decreto y los artículos antirreligiosos de la Constitución sean reformados. Y no cejaremos hasta verlo conseguido”. La contestación del Presidente Calles tampoco se queda corta: “Nos hemos limitado a hacer cumplir las leyes que existen, una desde el tiempo de la Reforma, hace más de medio siglo, y otra desde 1917… Naturalmente que mi Gobierno no piensa siquiera suavizar las reformas y adicciones al código penal”. El episcopado replica a las palabras de Calles, y con la autorización del Vaticano, “ordena la suspensión del culto público en toda la República”. Los templos se cierran, se suspenden las Eucaristías y los sagrarios se quedan vacíos… El pueblo se queda sin sacramentos. Calles, encolerizado, ordena la expulsión de doce obispos del país, entre ellos el Arzobispo de México. La tragedia se intuye. El levantamiento popular está cerca…
La masonería, la represión anticatólica y la rebelión armada de los cristeros en México (y II)
Para sorpresa de todos, la comisión eclesial encargada de negociar, contraviniendo las instrucciones dadas por el Vaticano, prescinde de la opinión y consejo del episcopado mexicano, así como de los líderes cristeros. ¿Qué logró la Iglesia a cambio? Poco, muy poco.
Álex Rosal
El mayor error que pudo cometer el Gobierno de Calles fue creer que la Iglesia en México estaba compuesta por beatas, ancianos y niños. Los asesores del Presidente mexicano le convencieron de la debilidad del cuerpo eclesial y de la falta de reacción del pueblo si forzaba a suspender el culto, logrando que los católicos se quedaran sin Eucaristía y sacramentos, y con los templos e iglesias cerrados a cal y canto. ¡Qué gran metedura de pata! El mexicano de a pie se revolvió contra la enésima cacicada del poder y adoptó rápidamente el grito de “¡Viva Cristo Rey!” como santo y seña de un malestar que tocaba a lo más íntimo de su ser. De forma espontánea, los tenderos colocan a la entrada de sus establecimientos carteles con el rótulo de ¡Viva Cristo Rey!, en claro desafío hacia el poder, y muchas familias hacen lo propio en sus balcones… El ambiente se caldea y los asesinatos selectivos llaman a la puerta. A un anciano de la ciudad de Puebla le vuelan la cabeza por el grave delito de poner a la entrada de su tienda el citado lema “subversivo”. En Chachihuites, al párroco y a otros tres seglares les dan el paseo reglamentario. Muchos campesinos intuyen lo que se avecina y comienzan a recolectar hachas, machetes y viejas escopetas para alzarse en armas contra un ejército de 80.000 hombres, perfectamente jerarquizado y con abundante munición. Una locura. Entre agosto y diciembre de 1926 se producirán 64 alzamientos armados, sin conexión alguna entre ellos; todo espontáneo. Poco a poco se crea un movimiento cristero algo más organizado que llegará a contar con 30.000 hombres. Sin dinero ni armas, los campesinos cristeros, con una estrategia de guerra de guerrillas, van arrinconando al ejército de Calles y se hacen fuertes en buena parte del país.
La Iglesia ante el alzamiento armado
Pero, ¿y qué posición adopta la Iglesia ante alzamiento armado de estos católicos campesinos? El episcopado mexicano declara de forma unánime que “el movimiento cristero es lícito, laudable, meritorio y de legítima defensa armada”. Los obispos dejan claro que no tienen nada que ver con el alzamiento armado, pero, a su vez, manifiestan que “hay circunstancias en la vida de los pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por medios pacíficos”. El movimiento cristero se consolida y a mediados de 1928 alcanza la cifra de 25.000 hombres medianamente armados. “No podían ser vencidos –escribirá el historiador Meyer-, lo cual constituía una gran victoria; pero el Gobierno, sostenido por la fuerza norteamericana, no parecía a punto de caer”. El mismo parecer tiene el sacerdote e historiador navarro José María Iraburu: “A mediados de 1929 se veía claramente que, al menos a corto plazo, ni unos ni otros podían vencer. Sin embargo, en este empate había una gran diferencia: en tanto que los cristeros estaban dispuestos a seguir luchando el tiempo que fuera necesario hasta obtener la derogación de las leyes que perseguían a la Iglesia, el Gobierno, viéndose en bancarrota tanto en economía como en prestigio ante las naciones, tenía extremada urgencia de terminar el conflicto cuanto antes. Eran, pues, éstas unas favorables condiciones para negociar el reconocimiento de los derechos de la Iglesia…”.
Ante esta situación se abre un debate en el episcopado mexicano sobre la licitud o no de seguir amparando moralmente al movimiento cristero. Los obispos ya habían considerado que la rebelión armada de los campesinos era lícita al “haber respondido a una causa grave y haberse agotado todos los medios pacíficos”. Sin embargo, una parte sustancial de los prelados consideran que la doctrina tradicional de la Iglesia señala también que la rebelión armada, transcurridos ya tres años de guerra, no podía considerarse aceptable “si la violencia empleada produce males mayores que los que se pretenden remediar, y que el alzamiento armado no tuviera probabilidades de éxito”.
Los “arreglos” entre la Iglesia y el Gobierno
Así las cosas, la Santa Sede decide intervenir señalando que “los obispos deben abstenerse de apoyar la acción armada de los cristeros y permanecer fuera de todo partido político”. A continuación, nombra a una comisión para que negocie con el Gobierno el fin de la guerra. Encabezada por monseñor Ruiz y Flores, estaba compuesta por el obispo Díaz y Barreto, probablemente el único obispo mexicano que había mostrado un decidido empeño en pactar con el Gobierno. Como asesores se encontraban el sacerdote estadounidense Parsons y el padre jesuita Walsh.
Para sorpresa de todos, la comisión eclesial encargada de negociar, contraviniendo las instrucciones dadas por el Vaticano, prescinde de la opinión y consejo del episcopado mexicano, así como de los líderes cristeros. Resultado: los representantes de la Iglesia llegan a un acuerdo con el Gobierno para poner fin a la guerra cristera, sin lograr que los políticos derogaran las leyes vigentes que habían provocado el alzamiento armado, y sin obtener garantías escritas para salvaguardar la vida de los cristeros. ¿Qué logró la Iglesia a cambio? Poco, muy poco. Tan sólo “arrancó” de los gobernantes unas vagas palabras de conciliación y buena amistad, y que se aplicarán las leyes vigentes “sin tendencia sectaria y sin perjuicio alguno”. Muchos se preguntaron, ¿para eso han muerto 30.000 cristeros?
Nueva represión gubernamental
El jefe supremo de los cristeros, el general Jesús Degollado Guízar, como fiel hijo de la Iglesia, obedeció las instrucciones de los prelados y mandó desarbolar el movimiento armado, licenciando a sus tropas con un último discurso: “La Guardia Nacional (cristeros) desaparece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en realidad, abandonada por aquellos que debían recibir, los primeros, el fruto valioso de sus sacrificios y abnegación. ¡Ave, Cristo! Los que por Ti vamos a la humillación, al destierro, tal vez a la muerte gloriosa, víctimas de nuestros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos y, una vez más, te aclamamos: Rey de nuestra Patria. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe! Dios, Patria y Libertad”. Eran palabras premonitorias. A los pocos días se iniciaba la represión contra los cristeros. En unos meses 1.500 serían asesinados fríamente, de los cuáles 500 ostentaban el rango de teniente al de general. Murieron más líderes cristeros tras la firma de los famosos “arreglos” que en los combates.
“Nos engañaron”, declarará con amargura el obispo Díaz años más tarde. Y monseñor Ruiz y Flores, firmante del acuerdo, “lloró de verdad cuando se vio burlado, cuando miró el fracaso de aquellos Arreglos”, cuenta el padre Ochoa. “Yo mismo he visto llorar al Papa Pío XI –escribirá el cardenal Boggiani- cuando trata el asunto de los arreglos en México”.
El movimiento cristero llega a su fin. Se cerraba así una de las páginas más gloriosas e idealistas del siglo pasado. Miles de hombres, unidos a sus familias, con mucho que perder y poco que ganar, se habían alzado en armas contra un régimen totalitario para defender su fe cristiana, conscientes de que hacían la voluntad de Dios. Habían desafiado la muerte, la persecución y la pobreza por un ideal. ¿Valió la pena? El México de hoy, sobre todo a nivel eclesial y político, no se puede entender sin el alzamiento de los cristeros.
Álex Rosal
(Extraído de Wikipedia- Resaltado en rojo es mío..)


CRISTEROS
“….El Santo Padre contaba una conversación que había mantenido con uno de los generales de la Gran Guerra; éste le había manifestado la pena que  siempre había sentido cuando necesitaba trasmitir a los jóvenes soldados la orden de mantenerse a cualquier precio bajo la ametralladora que los mataría. 
¡Cuántas veces el Pontífice debió proceder de una manera análoga! Lo había hecho y continuaba haciéndolo para Méjico. Esa mañana misma le habían llegado noticias desoladoras,  hacía apenas unas pocas horas. Sacerdotes,  personas jóvenes, habían muerto por la fe; numerosos obispos han sido arrastrados a la prisión y maltratados.
A pesar de todo, los católicos mejicanos escribían al Papa que ellos le continuaban  sometidos más que nunca. Es reconfortante ver resistir de manera tan soberbia a aquellos a los que se le ha dicho que el deber era resistir, pero ¡qué duro tener que dar órdenes semejantes!
…En otro orden de ideas, continuó el Papa,  algo semejante pasaba en el querido y noble país de Francia. El Papa había tenido que pronunciar ciertas graves palabras que exigían grandes sacrificios (Él lo sabía bien), sacrificios entre los más grandes, sacrificios de inteligencia y de voluntad. Estaba profundamente reconfortado por las promesas de generosa obediencia que le habían llegado de una ferviente juventud; este sacrificio era muy bello, y su belleza recompensaba bien largamente al Pontífice de la pena que había sufrido imponiéndola…”
“…Esto demuestra cuán profunda era la alegría del Santo Padre, pero también cómo sentía la necesidad de presentar a todos el espléndido ejemplo que dan los mártires…” (extraído de “Los tiempos de la cólera” de R  Valery-Radot), p.222.

….Ahora bien, estos idilios se llevaban a cabo al mismo tiempo que en Méjico, el judío Callès, que había sucedido a Obregón en la presidencia, ordenaba la aplicación de la Carta sectaria de Querétaro que libraba iglesias, escuelas, instituciones al buen placer del Estado y decretaba la laicización integral de la Enseñanza enteramente. Promulgada en 1917 y enseguida condenada por la  unanimidad  de los Obispos, ningún gobierno había osado darle fuerza de ley y Obregón mismo se había echado atrás delante de doce millones de católicos decididos a resistir hasta el derrame de sangre.
  La Constitución debía entrar en vigor el 31 de julio de 1926. La víspera, en la provincia de Jalisco, un jefe joven, Anacleto González Flores, reunió a su alrededor lo que se llamará desde entonces los cristeros en una liga, la Unión Popular; los que juraron “por Jesús Crucificado, por Nuestra Señora de la Guadalupe, Reina de Méjico y por la salvación de sus almasde defender, arma en mano, su libertad religiosa. Rápidamente esta liga se extenderá por todo Méjico. Una nueva Vendée se eleva en el país de los Indios.(Resaltado es mío)
  Al mismo tiempo decidieron de responder al edicto de Callès por el boicotage absoluto. “Desde el 31 de julio, enuncia el artículo Iº de su programa, los católicos se abstendrán de paseos, diversiones, cines, teatros, bailes y de toda especie de diversiones públicas y privadas. Maldito sea el católico que, cuando Dios está ausente de nuestra patria, ose todavía divertirse!”
   Lo mismo será para las vestimentas que no se debe comprar únicamente  en casos de extrema necesidad, golosinas, frutos, medios de transporte, billetes de lotería, frecuentación en escuelas laicas, diarios opuestos a su programa. Los católicos vivirán entre ellos, enseñarán el catecismo en el hogar, rezarán en familia por la libertad de la Iglesia, organizarán centros de instrucción religiosa, propagarán sus doctrinas en los talleres, las fábricas, los establecimientos comerciales.
  En cuanto a los Obispos, ordenaron la suspensión del culto; las iglesias se cerraron; los perseguidores se apoderarán únicamente de templos vacíos. El Santo Sacrificio desde entonces a escondidas en las casas amigas; un taller de costura, un escritorio, un comedor, se transformará de pronto en capilla donde los sacerdotes, disfrazados vendrán a decir la misa, comulgar los fieles y desde donde partirán, llevando con ellos las hostias consagradas para continuar su ministerio de pueblo en pueblo
    Ante tal resistencia, Callès prohibió toda reunión religiosa bajo pena de muerte y  repartidas sus bandas en toda la provincia. El 15 de agosto, Don Luis Batis, cura del pueblo de Chalchuite, acusado de complotar contra el gobierno, fue fusilado con tres jóvenes presidentes de sus obras parroquiales. El  21, en el pueblo de Monax, el viejo Manuel Campos es arrastrado al cementerio donde luego de haber sido zurrado, cae, traspasado de balas, los brazos en cruz, al grito de ¡VIVA CRISTO REY!  El grito de unión, de adhesión de los Cristeros. Cuando no son fusilados en masa, los católicos son colgados en los postes telegráficos o en las ramas de los árboles.. Impasible los Estados Unidos continúan suministrando armas y municiones a este gobierno de bandidos….
(Extraído y traducido de “Los tiempos de la cólera” de Robert- Valery-Radot, pp.152-53)

(Entre las disposiciones persecutorias, con el fin borrar hasta el nombre de Dios en la tierra, la prohibición de saludarse con nuestro acostumbrado ADIOS, reemplazado por el uso de CHAO; la persona que fuera oída o delatada debía pagar una buena multa. Prepárense los que no quieren saber porque eso nos va a llegar...! ¿Y por supuesto ni mencionar : "si Dios quiere", nos vemos, o voy a. )

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El padre PRO S:J: al ser conducido al lugar del fusilamiento




El Padre PRO S:J: orando antes de ser fusilado


El P.PRO S:J: en el momento de esperar la descarga de fusilería. Abrió los brazos en cruz,sostenía en una mano un rosario y en la otra una cruz;


El P: PRO ya muerto se desploma


El P.PRO recibiendo el tiro de gracia después de ser fusilado.



El rostro del P. PRO fusilado en Méjico el 23 de noviembre de 1927
a pie nuestro continente -                          MADRE DE LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA



COMENTARIO  el show-business-pope viajó a Méjico, en donde no perderá la oportunidad de seguir pidiendo perdones, meas culpas, ¡claro! en nombre de la iglesia. ¿Cuándo lo hizo defendiendo a nuestra Iglesia por lo que hicieron en su contra el Alá de los musulmanes; o por lo que hicieron con Jesús los antepasados judíos; o por Lutero de  los protestantes? No, sólo se dedica a la persecución de la única Iglesia Verdadera, de la cual  se dice ser el vicario!!!¡Inaudito! ¡Qué cizaña sembrará esta vez entre los pobres descendientes de los aborígenes? La Iglesia de Jesucristo no tiene NADA de qué arrepentirse hasta el Concilio Vaticano II, a partir de allí, con su nueva religión tienen ellos que pedir muchos perdones...agarrar sus pétates, construir sus propios templos y dejarnos libres de su presencia maléfica.
Y SIGUEN LOS ENGAÑOS Y SIGUEN LAS MENTIRAS.
NO ES EL SUMO PONTÍFICE DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO (LO SERÁ DE LA SATÁNICA FUNDADA POR ELLOS).
Y MENOS EL PAPA DE LOS POBRES. NO HACE MÁS QUE DESPILFARRAR CON SUS VIAJES SUMAS INMENSAS DE DINERO; COMO EN ESTE A MÉJICO, QUE ESTÁ COTIZADO COMO EL MÁS COSTOSO DE TODOS LOS DESPLAZAMIENTOS DE CUALQUIER PERSONAJE DE LAS ALTAS ESFERAS; UN GRAN DESPLIEGUE DE GUARDIAS DE SEGURIDAD ¡POR QUÉ SERÁ QUE TIENE TANTO MIEDO? ¡Y los millones de dólares que se gastaron el 8 de diciembre, con sus luces laser y animales proyectados en el Vaticano. 
POR SER ARGENTINO (SI LO FUERA) LE CONSTA MÁS QUE A CUALQUIERA, QUE LA LEYENDA NEGRA ES UN INVENTO IMPUESTO POR LOS QUE QUIEREN GOBERNAR EL ORBE,

"Arcángel San Miguel defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio. ¡Reprímale Dios! Pedimos suplicantes. Y tú príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas". 




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